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¿Qué son las parafilias?

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Las parafilias consisten en la existencia de repetidas e intensas fantasías sexuales atípicas que implican la excitación sexual de las personas. Entre ellas, se encuentra la excitación mediante objetos inanimados, pero también pueden aparecer otros aspectos como el sufrimiento o humillación de alguna parte de la pareja sexual o incluso, el no consentimiento sexual de éstas.

Teniendo en cuenta esta última afirmación, dichas conductas pueden generar en las personas un malestar emocional, un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de su vida. Asimismo, este estilo de comportamientos puede derivar en delitos sexuales. Las parafilias abarcan, por lo tanto, desde prácticas sexuales consideradas «inocentes», hasta obsesiones repetidas que pueden tener un cierto caracter patológico. De hecho, están considerado un tipo de disfunción sexual, aunque esta clasificación es controvertida.

Por estos motivos, cabría diferenciar entre prácticas sexuales inofensivas, las cuales no serían parafilias estrictamente hablando, de otras prácticas que sí que pueden implicar riesgos. Algunas personas hacen uso de dichas prácticas continuamente en sus relaciones sexuales, otras, en cambio, de forma más esporádica.

Origen de las parafilias

Las parafilias poseen una etiología multifactorial, los factores biológicos determinarían la vulnerabilidad y los factores más contextuales actuarían como desencadenantes.  

Factores de aprendizaje

El surgimiento de las parafilias suele atribuirse a una serie de aprendizajes disfuncionales. Desde un punto de vista conductista, un estímulo atípico y socialmente disfuncional ha sido asociado a una intensa excitación sexual.

En consecuencia, este estímulo queda condicionado y cada vez que se presenta, tiene lugar este impulso sexual. De la misma forma que la media poblacional posee una serie de estímulos aceptados socialmente que implican esta activación, estas personas diagnosticadas de parafilias han estructurado los suyos propios. El problema se presenta cuando estas conductas pueden llegar a ser peligrosas si, por ejemplo, la representación de estos estímulos va en contra de la voluntad de la pareja sexual, como sucedería por ejemplo en el caso del sadismo sexual o en la pedofilia.

Dentro de esta concepción, se considera la adolescencia temprana como un periodo crítico para estos aprendizajes. Durante esta etapa, tiene lugar una intensa actividad de observación, exploración y posterior, masturbación.

Pero, ¿todos los contextos pueden conllevar esta consecución de aprendizajes disfuncionales? La respuesta es no. Experiencias traumáticas durante la infancia, abusos o maltrato, son los condicionantes principales de esta vinculación de lo sexual con lo violento. Asimismo, encontramos climas infantiles protagonizados por el abandono, el maltrato o la negligencia.

Factores biológicos

Actualmente contamos con investigación científica que ratifica una relación de los diagnósticos de parafilia con alteraciones a nivel biológico en el organismo.

Un estudio con pacientes con diversas parafilias encontró que:

  • Un 74% tenía un nivel hormonal anormal.
  • Un 27% presentaba signos neurológicos.
  • Un 24% poseía alteraciones cromosómicas.
  • Un 9% sumaba a la parafilia, un diagnóstico de epilepsia
  • Un 4% sumaba a la parafilia, un diagnóstico de epilepsia déficit intelectual.

Otros análisis han evidenciado lesiones en el hipotálamo, tumores orbito-frontales derechos o atrofias en células piramidales en pacientes con pedofilia.

Todos estos datos corroboran que las conductas impulsivas pueden verse aumentadas cuando existe un predeterminante de tipo biológico que activa más este estimulo contextual descrito anteriormente. No existe una alteración concreta que marque y promueva directamente la emergencia de una parafilia, pero sí, alteraciones cerebrales que lo magnifican. Patologías como los TLP o la esquizofrenia pueden dar lugar a conductas más desorganizadas y potencialmente parafílicas.

Tipos de parafilias

Las parafilias descritas en el DSM 5 son ocho, pudiendo una misma persona padecer más de una de ellas.

  • El exhibicionismo: la exposición de los genitales a personas que no lo esperan o no lo consienten. Este trastorno es acompañado, frecuentemente, de la masturbación y con ello, del orgasmo. La prevalencia principal se atribuye a los hombres quienes se exponen a mujeres para dar lugar a dicha aberración social.
  • El fetichismo: el uso de objetos inanimados como fuente de placer sexual. Se considera que dicho trastorno comienza en la adolescencia, haciéndose crónico en la edad adulta.
  • El frotteurismo: contactos y roces con una persona en contra de su voluntad. Esta práctica es realizada frecuentemente por parte de los hombres contra las mujeres en contra de su voluntad, incluso en espacios públicos como autobuses o metros.
  • La pedofilia: interés sexual por niño/as en edad prepuberal o anterior.
  • El masoquismo sexual: empleo de humillaciones, golpes o sufrimientos como fuente de excitación sexual para su propia persona.
  • El sadismo sexual: empleo de humillaciones, golpes o sufrimientos como fuente de excitación hacia la otra/s persona/s durante el acto sexual.
  • El transvestismo: la fuente de excitación sexual emerge de vestirse con ropas de un sexo diferente al que posee la persona que lo practica.
  • El voyeurismo: la observación de la actividad sexual de las otras personas como forma de excitación sexual. A dicha práctica se le acompaña de forma recurrente, la masturbación y el orgasmo.

Síntomas principales

Dada la tipología de parafilias explicadas en el apartado anterior, es evidente que cada una posee su patrón conductual correspondiente. No obstante, existen algunas similitudes entre todas ellas como pueden ser:

  • Una desvinculación completa de la cultura y lo socialmente adecuado y aceptado.
  • Una repercusión en la vida personal, social y laboral de la persona incluyendo rechazo social.
  • Diagnósticos de ansiedad y conductas ansiosas y reiteradas.
  • Una ejecución de las conductas parafílicas muy estereotipadas como si de un ritual se tratara.
  • Consecuencias delictivas y penales.

Tratamiento de las parafilias

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Una teoría subrayada en el desarrollo de las parafilias se vincula con una disfunción serotoninérgica. De esta forma, el uso de antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) serían una buena opción en el tratamiento de las parafilias. Se ha evidenciado como este neurotransmisor influye en la modificación e inhibición de la conducta sexual. Además, estos fármacos se han usado frecuentemente en el tratamiento de diagnóstico de depresión, ansiedad, TOC o algunos trastornos de personalidad. Muchos de estas problemáticas de humor o de impulsos presentan alta comorbilidad con las parafilias.

Desde 1989 se ha investigado acerca de esta influencia de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en el deseo sexual. De entre los más nombrados, se habla de la fluoxetina y la sertralina habiendo sido prescritos como “antidepresivos” al disminuir la baja autoestima, la irritabilidad, el humor depresivo o la ansiedad, síntomas que muchas veces, preceden a las conductas parafílicas.

Control hormonal

La hormona liberadora de hormona luteinizante (LHRH) estimula las células gonadotrópicas en la hipófisis liberando la hormona luteinizante (LH) y la hormona foliculoestimulante (FSH). De esta forma, se genera la producción gonadal de los esteroides sexuales, la testosterona en hombres y los estrógenos y la progesterona en las mujeres. El uso de análogos o agonista de la LHRH alterarían el metabolismo de los receptores, indicándole a la glándula hipófisis localizada en el cerebro que detenga la producción de estas hormonas sexuales.  

Por otro lado, el acetato de medroxyprogesterona y el acetato de cyproterona son consideradas dos de las hormonas más recetadas para el tratamiento de las parafilias. Su efectividad se relaciona con la reducción de los niveles de testosterona en sangre y en consecuencia, del deseo sexual la frecuencia de erección, las fantasías sexuales, la masturbación, e incluso, la conducta agresiva.

Actualmente, existe abundante evidencia científica sobre el empleo de estos ambos fármacos (agonistas de LHRH y acetatos) en el tratamiento de parafilias. Sin embargo, la interrupción de la dosis, genera un intenso regreso a la conducta parafílica. Si se pretender obtener una alta eficacia, se requiere de una dosis muy intensa y continuada en el tiempo, incluso se hablan de tratamientos de por vida. Este efecto a largo plazo, puede acarrear consecuencias tales como: reducción de la conducta sexual normal, fallos eréctiles, disminución de los minerales óseos… y con ello, alteraciones del estado de ánimo.

Bajo este pretexto y de forma general, ya que, cada caso posee sus propias características personales, el uso de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina será el tratamiento de primera elección. No obstante, si éste no resulta suficiente, se dará paso a recetar reguladores de hormonas como los descritos. Este estilo de tratamientos suelen vincularse con casos extremo, de peligro social o que no cesan en el tiempo. Las personas condenadas por crímenes sexuales deben de ser sometidas a un régimen de hormonas que reduce el interés sexual similar a una castración química.

Intervenciones psicoterapéuticas

Teniendo en cuenta lo descrito la adquisición y mantenimiento de las parafilias a través del aprendizaje y condicionamiento, se valoran técnicas que manejen estos mismos principios. El tratamiento en parafilias supone, además de esta regulación biológica que, meramente, frena los impulsos sexuales de los y las pacientes, una reestructuración cognitiva de estos aprendizajes.

A través de técnicas de condicionamiento clásico, operante y social y manteniendo esta medicación farmacológica que agilice los efectos de la psicoterapia, se han de modificar los esquemas aprendidos del o la paciente. Sin embargo, no hemos de olvidar que la clave para obtener una alta eficacia en terapia parte de la adecuación a las características propias del paciente. Así y pese a que se conozcan y ratifiquen evidencias de la teoría conductista, se propone siempre optar por un enfoque integrador aspirando a no olvidar cabos sueltos ni en las evaluaciones ni en las intervenciones. Como se ha descrito, la existencia de traumas o historias de abuso también resultan recurrentes en estos diagnósticos, por lo que, habrá que abordar no solamente, el trastorno en sí, sino todas sus secuelas.

Referencias

American Psychological Association [APA]. (2013). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Editorial Medica Panamericana

De Dios, E. (2008). Etiología de las parafilias. Una revisión actualizada. Revista Interpsiquis, 9.

Herrero, N. S., Pérez, R. M. L., y Muñoz, A. D. (2018). Parafilias: una revisión comparativa desde el DSM-5 y la CIE-10. Behavior & Law Journal, 4(1).

M. Muse. y G. Frigola. (2003). La Evaluación y Tratamiento de Trastornos Parafílicos. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiátrica, 65, 55-72.

Rodríguez, T. y Salgueiro, L.R. (2020). Parafilias: consideraciones clínicas y médico legales. Revista de Ciencias Médicas, 24(6), 1-13.

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