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Relaciones sanas en jóvenes: ¿En qué estamos fallando?

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Las relaciones sanas en la gente joven no son tan habituales como nos gustaría. Aunque estamos cada vez más concienciados con constructos como la independencia, la responsabilidad afectiva o la comunicación empática, a la gente joven le sigue costando. No es algo que implique a toda la población, pero sí a una mayoría preocupante. Es por eso que es importante que de vez en cuando nos recordemos cómo se construyen las relaciones sanas, especialmente dentro de la población joven.

Lo sano en contra de lo común

Cuando hablamos de relaciones sanas, cabría esperar que fuera una mayoría de personas quienes supieran construirlas. Sin embargo, nos encontramos en la práctica con grandes dificultades para que esto suceda. Relaciones de poder, de desequilibrio, de manipulación o de victimismo donde no hay ni igualdad ni seguridad ni libertad. Ese tipo de relaciones son más habituales de lo que nos gustaría, ya que nos han educado en ambientes donde no se ha aprendido a construir eso. Si nuestros abuelos y padres, por la educación recibida y la cultura en la que se desenvolvían no podían elaborar relaciones sanas, ¿cómo nos iban a trasladar lo que sí es correcto a nosotros?

Aunque vemos todos los días parejas que parecen funcionar, no implica que esté sostenido sobre lo sano y equilibrado. A menudo, las inseguridades de uno son tapadas por la relación de poder que ejerce el otro, por ejemplo, y ese falso equilibrio es visto desde fuera como una relación que funciona.

La evolución de las relaciones

A nivel social vamos viendo como las relaciones van evolucionando con el paso de los años, tanto por la variedad como por las estructuras que se persiguen o se construyen. Sin embargo, esa mayor variedad no siempre se relaciona con que existan relaciones sanas. Las relaciones las generan los individuos, y no siempre sabemos mantener vínculos sexoafectivos responsables, por ejemplo. Esa evolución sí que nos empuja a una mayor visibilidad, una conciencia sobre que otros modos de vincularnos son posibles, pero también tenemos que evolucionar nosotros como individuos.

Si cogemos como ejemplo una relación poliamorosa, ¿saldrá bien si yo no sé regular mi miedo al abandono o al rechazo? Aunque quiera vivir otro tipo de relación no normativa, no estoy preparada para que mi parte psicológica lo acompañe. Es por eso que es tan importante empezar a trabajar las relaciones sanas, independientemente del vínculo que queramos construir.

Las relaciones sanas en la población joven

La población joven es la que podríamos deducir que tiene una mayor facilidad para establecer relaciones sanas. Sin embargo, vemos que en la práctica eso no es así. Sí han evolucionado en el concepto de relación, de visibilidad, de ver y tener relaciones no normativas, pero eso no ha hecho que sepan construirlo con un mayor equilibrio. Somos la representación de la educación recibida, y esa educación no siempre nos ayuda a evolucionar tanto como nos gustaría. Es por eso que las relaciones sanas no aparecen con una mayor frecuencia en la población joven.

Nuestros miedos al abandono, al rechazo, a la traición, los celos, las inseguridades… son problemas habituales a cualquier edad por lo que va a influir en cómo nos relacionamos y los vínculos que formamos. Entonces, ¿sabemos equilibrar bien seguridad y entrega, por ejemplo?

Los elementos de las relaciones sanas

Cuando los jóvenes se plantean cómo gestionar los vínculos lo hacen con la premisa de encontrar lo mejor para ambas partes. En la práctica, desafortunadamente, no es así. El miedo, la necesidad de control o problemas en el estilo de apego hace que no se generen relaciones sanas.

¿Cuáles serían los elementos que las parejas jóvenes deben tener si quieren establecer relaciones sanas?

  • Confianza: En este punto generan sus propios espacios independientes, no solo los que hay en la pareja. Se puede disfrutar en soledad o con otras personas. Cada uno tiene un espacio fuera de la pareja.
  • Igualdad: La pareja forma un equipo donde se escucha y se respeta la opinión o necesidad del otro. Todo es acordado y las decisiones son equitativas. Esto genera un vínculo equilibrado en la relación.
  • Libertad: cada uno es libre de escoger con quien se relaciona, con quien habla o con quien se divierte, sin que exista realmente una deslealtad. La libertad no implica que nos debamos sentir traicionados. Cada uno, desde la libertad, escoge en cada momento qué hacer o con quién estar.
  • Respeto: las opiniones y cualquier tipo de expresión en la pareja son escuchadas y hechas desde el respeto. No siempre se está de acuerdo en lo que el otro dice o siente, pero no se juzga ni se cuestiona.
  • Apoyo: las relaciones sanas son fuentes de apoyo incondicional. Eso se basa en la escucha activa, la empatía y el entender lo que el otro siente. No siempre el apoyo tiene que ser activo, sino que se puede propiciar que lo que se necesita es solo momentos de silencio y escucha.
  • Cuidados: tener en cuenta al otro, sin juegos de poder o chantajes. Ser responsables afectivamente es hacerte cargo sin perder tu seguridad de lo que el otro siente o necesita. Eso implica hacer cosas que sienten bien a ambas partes.
  • Autenticidad: cada uno puede ser sin miedo, vivir a su manera sin temer el reproche o el juicio en la pareja. Queremos al otro por lo que es de forma auténtica, sin máscaras ni temores.
  • Diálogo: el diálogo implica que no exista el juicio ni la exigencia, que cada uno tenga su espacio para poder comunicarse y expresar lo que siente. Eso hace que, incluso si estamos enfadados, podamos y debamos comunicar lo que nos pasa.
  • Equilibrio: se tiene en cuenta lo que se quiere dar y recibir. El equilibrio es proporcional y no existe un egoísmo. Ambas partes deben regularse, ya que tendemos o a dar en exceso o a demandar mucho.
  • Autonomía: cada miembro de la pareja escoge cómo quiere vivir su vida. Aunque haya apoyo y colaboración, ambas partes son libres e independientes. Eso hace que nadie ate a nadie y que, llegado el caso, pudiera acabarse la relación sin chantajes ni manipulaciones.

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Ángel Rull

Ángel es Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y tiene un Máster en Investigación Psicológica Aplicada a las Ciencias de la Salud. Es especialista en manejo emocional, Psicología Positiva y Psicología de la Obesidad. Escribe para medios nacionales como El Periódico sobre Psicología para concienciar sobre la salud mental.

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