¿Qué son las relaciones tóxicas?

Muchas veces se habla de relaciones tóxicas, aunque no todo el mundo comprende exactamente qué significa esto. Que una relación sea tóxica no quiere decir que no haya amor, sino que no se quiere bien. Podríamos definir como relación tóxica aquella que no hace bien a uno o ambos miembros de la pareja. Esto puede suceder por múltiples motivos: porque se es infeliz en la relación, porque se produce chantaje emocional, porque se culpabiliza a una de las dos partes, porque se manipula su comportamiento o bien simplemente porque se roza el maltrato psicológico. Así, una relación es tóxica cuando genera mucho más sufrimiento que alegría por el hecho de estar juntos.

Las relaciones tóxicas se dan en todos los ámbitos sociales, y no solo en las parejas. Así, podemos hablar de relaciones tóxicas en el trabajo, con los amigos, con la familia, etc. Sin embargo, cuando estas dinámicas negativas se producen dentro de la pareja, su gravedad puede ser incluso mayor; lógicamente, una pareja con la que tenemos un vínculo emocional fuerte puede hacernos más daño que ninguna otra persona.

Para solucionar estos casos, lo primero es tomar conciencia de que existe un problema. Esto muchas veces no es sencillo, ya que se puede querer a esa persona que te está haciendo daño. Además, es muy frecuente que incluso nos auto culpemos sobre las acciones de la otra persona; así, nos convencemos de que la responsabilidad no es suya, sino nuestra. Solo asumiendo la responsabilidad de cada uno es posible plantarse definitivamente y reconducir, o incluso finalizar, la relación. Esto muchas veces es una decisión difícil, que requiere de grandes dosis de valentía y autoestima.

¿A qué se deben las relaciones tóxicas?

No existe una única causa que dé lugar a las relaciones tóxicas, aunque sí que hay elementos de base comunes. Estos factores suelen repetirse con frecuencia en las parejas que desarrollan una relación tóxica, por lo que actúan como desencadenantes. Así, podríamos mencionar como elementos más relevantes los siguientes:

Problemas de base en las relaciones tóxicas:
  • Crítica constante. Se da cuando ambas partes de la pareja viven en el reproche y la crítica hacia el otro. Esto puede darse por intolerancia hacia cómo es el otro, o por inseguridad sobre uno mismo. Sea como sea, este es uno de los factores que más fácilmente puede minar una relación.
  • Baja autoestima. Sucede cuando creemos no ser merecedores de algo mejor. Esto nos lleva a conformarnos con cualquier relación, por nociva que sea.
  • Falta de identidades separadas. Cuando ambos miembros de la pareja no tienen intereses u opiniones individuales, se genera una identidad compartida. Esto lleva a una relación excesivamente cerrada, en la que cada parte depende demasiado del otro.
  • Responsabilidad mal entendida. Se da cuando creemos que nos corresponde cuidar permanentemente, pase lo que pase, a nuestra pareja. Terminamos siendo rehenes de esta responsabilidad, y aceptando un auténtico chantaje emocional, ya sea deliberado o no.
  • Sentimiento de culpa. Esto es lo contrario al punto anterior, aunque de tal modo que también terminamos siendo rehenes. Creemos que todo lo hacen por nosotros, y por tanto estamos en deuda.
  • Falta de círculo social. Las parejas sin amistades externas suelen terminar centrándose excesivamente en sí mismas. Esto las hace convertirse en un círculo vicioso, del que no es posible salir.
  • Dependencia emocional. Se da cuando intentamos suplir carencias afectivas con nuestra pareja; derivado de esta sensación de necesidad, estamos dispuestos a aceptar lo que sea.
  • Miedo a la soledad. Para algunas personas la perspectiva de quedarse solas es aterradora. Ante esta posibilidad, harán lo que sea para no ser abandonadas por su pareja.
  • Miedo al cambio. Una última causa, es el miedo a lo desconocido. Para estas personas, es más seguro permanecer dentro de una relación tóxica antes que exponerse a la incertidumbre de una ruptura.
¿Cómo saber si una relación está volviéndose tóxica?

Como dijimos anteriormente, lo que define una relación tóxica no es la falta de amor, sino cómo se gestiona este. Esto quiere decir que no debemos buscar como principal síntoma la falta de afecto o cariño en una relación; de hecho, este puede estar presente, aunque la alarma vendrá por determinados comportamientos o actitudes.

Los casos de relaciones tóxicas pueden ser más graves o más leves, aunque todos suelen presentar unos patrones comunes. Además, es frecuente que quien esté inmerso en una relación de este tipo ni siquiera sea consciente de ello. Por este motivo, es importante estar al tanto de posibles comportamientos que puedan indicar que una relación esté volviéndose tóxica; solo de esta manera, podremos abordar el problema antes de que vaya a más.

En este sentido, los elementos más frecuentes que delatan las relaciones tóxicas son los siguientes:

  • Tu pareja no te proporciona felicidad, sino angustia, frustración o tristeza.
  • Tu pareja no quiere que mantengas relaciones sociales con otras personas.
  • Se te coarta o limita tu autonomía en temas como el dinero, la vestimenta o las actividades que realizas.
  • No se respeta tu privacidad, por ejemplo, revisando tus mensajes de móvil o de correo.
  • No muestra interés por tus preocupaciones o necesidades, sino simplemente las suyas.
  • Te piden que expliques qué has estado haciendo o dónde has estado en todo momento.
  • Tu pareja usa el chantaje emocional, intentando que te sientas mal si no haces lo que quiere.
  • Te menosprecia, resta valor a tus logros o te hace de menos.
  • Cuando hay diferentes opiniones o puntos de vista, es inflexible y siempre quiere tener la razón.
  • Te hace responsabilizarte de sus tareas u obligaciones, diciendo que te corresponde a ti.
  • Sus problemas son siempre más importantes que los tuyos.
¿Existen distintos tipos de relaciones tóxicas?

Aunque no se puede hacer una clasificación cerrada de los tipos de relaciones tóxicas que existen, sí que existen algunos patrones comunes entre ellas que nos permiten identificar problemáticas comunes. En este contexto, podríamos identificar como más frecuentes los siguientes tipos:

Relaciones de pareja que generan mayoritariamente sufrimiento

Este posiblemente sea uno de los signos más evidentes de una relación tóxica. No hablamos aquí de indiferencia o distanciamiento emocional; más bien al contrario, precisamente porque aún se quiere a la otra persona se sufre. En estos casos, la pareja se constituye más como un freno al desarrollo personal que como una ayuda.

Relaciones basadas en el chantaje emocional

A veces uno o ambos miembros de la pareja emplean el chantaje emocional para conseguir sus fines. Esto significa que no se deja al otro la libertad para elegir conforme a sus deseos y preferencias; por el contrario, se le condiciona a actuar de una determinada manera bajo la amenaza ser culpabilizado. En una relación que funciona adecuadamente no deberían darse este tipo de chantajes. Más bien al contrario. Se debería respectar la libertad individual para elegir conforme a los deseos de uno mismo.

Relaciones marcadas por la posesividad

Estar en pareja no debiera suponer renunciar a tener relaciones con otras personas. Sin embargo, en ocasiones las relaciones de pareja pueden quedar marcadas por una excesiva posesividad. Esto puede venir motivado por los celos, por egoísmo o por simple deseo de exclusividad. En cualquier caso, esta dinámica implica también una limitación a la libertad de la otra persona.

Relaciones con una pareja emocionalmente dependiente

Algunas relaciones están marcadas por una excesiva dependencia de uno de sus miembros hacia el otro. Esta dependencia puede ser sobre distintos ámbitos, desde los más funcionales hasta otros puramente emocionales. En cualquier caso, al final se trata una vez más de una limitación a la libertad individual del otro; al obligarnos a hacernos cargo de nuestra pareja, quedamos sometidos a la posibilidad de ser culpabilizados si la desatendemos.

Relaciones con una elevada conflictividad

Existen parejas que viven en una espiral de discusiones permanentes, las cuales terminan por convertirse en una dinámica habitual. Estas discusiones pueden venir propiciadas por infinidad de factores, aunque lo que es común a todas ellas es que la relación de pareja se convierte en un problema en sí mismo. En estos casos, lo más común es que ambas partes de la pareja actúan tanto como agresores como víctimas. Por este motivo, no suele ser común que la culpa sea de una única persona, sino de ambas.

Relaciones en las que se supedita una persona a otra

Otra dinámica que en ocasiones se da es la de parejas en las que no existe un equilibrio de poder. Estas relaciones se caracterizan porque una de las partes está totalmente subordinada a la otra. Curiosamente, esto puede suceder incluso sin que haya ningún tipo de conflictividad al respecto; en estos casos, la persona sumisa acepta sin objetar este equilibrio de poder. Sin embargo, que no se produzcan conflictos por este motivo no quiere decir que la relación no sea tóxica.

Relaciones en las que se menoscaba la valía personal

En otras ocasiones pueden existir dinámicas de una relación tóxica que no son evidentes para alguien externo a la pareja. Se trata de comportamientos y actitudes que no son visibles desde fuera, pero que tienen gran peso en la relación. Este tipo de dinámicas de pareja terminan por destruir la autoestima e independencia de uno de sus integrantes. Así, estas personas terminan siendo rehenes de la relación, convencidos de que no merecen ni pueden aspirar a algo mejor.

¿Cómo se pueden tratar las relaciones tóxicas?

El primer paso a adoptar cuando tenemos una relación difícil con nuestra pareja, es verificar si es una relación tóxica. Todas las parejas tienen altibajos, momentos en los que va mejor y otros en los que las discusiones son frecuentes; esto es normal y no necesariamente quiere decir que estemos viviendo una relación tóxica. Si verificamos que, efectivamente, se trata de una relación tóxica, lo mejor es buscar ayuda profesional.

Al acudir a un terapeuta especialista en terapia de pareja, nos hará reflexionar primero sobre si queremos salvar la relación. Aunque parezca una obviedad, esto no siempre está claro. En ocasiones, en contra de lo que pudiéramos pensar, la pareja está tan deteriorada que no puede reconducirse. En estos casos, lo mejor es buscar la manera más indolora para que cada uno pueda finalizar la relación y proseguir con su vida.

Otras veces, afortunadamente, sí es posible reconducir la relación. En estos casos, el trabajo del psicólogo pasará por enseñar a ambas partes sobre cómo relacionarse adecuadamente.

Aquí, es fundamental que cada miembro de la pareja aprenda a respetar los límites y la autonomía del otro. Además, se trabajará en la práctica de distintas habilidades; la escucha activa, la empatía o el control emocional, por ejemplo, son aspectos fundamentales para desarrollar una relación sana. También se enseñará a la pareja a emplear herramientas que les ayuden a gestionar su día a día; de igual modo, es imprescindible dotarles de las capacidades que les permitan evitar las recaídas.

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