Cuando llega finales de diciembre, nos proponemos marcar nuevos propósitos de año nuevo, pero con el deseo de esta vez cumplirlos. El problema es que tendemos a cometer los mismos errores: no los formulamos correctamente, no somos precisos o no hacemos un balance previo de lo que ya tenemos y de lo que aún queremos lograr. Hacer la Rueda del Año nos ayudará a que esta vez sea diferente. Sabremos sobre qué partes específicas enfocarnos y cómo hacerlo.

¿Sobre qué enfocarnos?

Cuando formulamos propósitos para el año siguiente, tendemos a poner nuestra vista en áreas muy aisladas, con objetivos difusos o sin un plan de acción para ello. Lo hacemos desde el punto de vista de la carencia, como si esa parte de nuestra vida estuviera completamente vacía, y es el suplir la necesidad lo que puede también acompañarnos en el fracaso. Debemos esta vez tener en cuenta que para crecer hay que apoyarse en lo que ya hay, en lo que sí tenemos. De esta forma, podremos evaluar los aspectos más importantes que nos pueden faltar, pero con un punto de vista más positivo.

La Rueda del Año nos ayuda a evaluar diferentes áreas concretas de nuestra vida basándonos en los últimos 12 meses y en la satisfacción que encontramos en ello. Puntuamos cada parte, teniendo en cuenta diversos criterios, y sabemos de forma exacta hacia dónde enfocar las metas. Siempre con la valoración previa del año que vamos a dejar atrás.

Evaluar y crecer

Varios de los propósitos más comunes de Año Nuevo tienen que ver con el deporte, perder peso, aprender un idioma o dejar de fumar. Si analizamos esas metas, vemos que se relacionan con las áreas de la salud, el trabajo o los conocimientos. Obedecen a un propósito y buscan el crecimiento y el desarrollo de la persona. Aunque no nos paramos a analizar esto, directamente los formulamos. Esto puede hacernos marcar objetivos que no vayan con nuestros valores, que se realizan desde las expectativas de los demás o que no nos motiven lo suficiente.

El verdadero crecimiento llega cuando nos paramos a escucharnos a nosotros mismos, cuando desde el amor propio y la compasión nos aceptamos, nos respetamos y decidimos acercarnos a un desarrollo. Esto implica saber de forma realista qué tenemos, qué hemos logrado y qué más nos gustaría hacer, desde la fortaleza del optimismo, la valentía y la perseverancia.

¿Cómo hacer la Rueda del Año?

La Rueda del Año se construye en base a ocho áreas centrales de nuestra vida como son la salud, el desarrollo personal, la familia y amigos, el amor, el tiempo de ocio, el trabajo, el dinero y el hogar. Cada una de esas áreas lleva una puntuación de 1 a 10 según la satisfacción sentida en los últimos 12 meses. Para poder analizar cada aspecto, tenemos en cuenta diversas subáreas que nos darán esa puntuación media. Por tanto, aquellos aspectos que nos reporten una puntuación más baja serán sobre los que marcaremos nuestros propósitos para 2020.

La satisfacción la tenemos que tener en cuenta solo basándonos en el año que estamos dejando atrás, desde la insatisfacción absoluta, que sería la puntuación de 1, hasta la plenitud, que sería el 10.

Salud

La Salud la evaluamos tanto desde el plano físico como emocional. Debemos tener en cuenta cómo es normalmente nuestro estado de ánimo, si conocemos y gestionamos nuestras emociones, si dedicamos tiempo a cuidarnos, si hacemos deporte o si tenemos unos correctos hábitos. Teniendo en cuenta esos puntos, sacamos nuestra puntuación media.

Desarrollo personal

Este punto habla sobre nuestra autoestima, la evolución de nuestra personalidad, las metas logradas o los proyectos que estamos llevando a cabo. Las habilidades que tenemos, nuestras fortalezas personales o el conocimiento también son aspectos a tener en cuenta, así como la espiritualidad.

Familia y amigos

En esta área, vamos a analizar de forma conjunta la satisfacción que tenemos con las relaciones construidas y potenciadas, tanto con la familia como con nuestros amigos. El tiempo que pasamos con ellos, la confianza, el apoyo mostrado o cómo nos hacen sentir nos ayudan a generar nuestra media de satisfacción. Eso sí, si lo que sentimos a nivel familiar difiere sustancialmente de lo que sentimos con nuestros amigos, deberemos separar las categorías.

Amor

El amor no solo se mide por la estabilidad de una relación, sino que hay diferentes aspectos que debemos tener en cuenta, incluso si no tenemos pareja. La comunicación, la empatía, la capacidad de amar o el saber tener una relación sana nos hace ver la valoración de esta categoría. En el caso de que no haya una pareja, podemos tener en cuenta si hemos sanado viejas heridas o hemos perdonado diferentes daños.

Tiempo de ocio

Se mide tanto el tiempo disponible para hacer las cosas que nos gustan, como si es de calidad y si se está aprovechando. A menudo disponemos de todo el tiempo del mundo, pero lo perdemos encerrados en casa sin hacer nada.

Trabajo

Tanto si me siento satisfecho en mi puesto de trabajo, como si tengo buenas relaciones o me siento realizado son los puntos que debemos tener en cuenta. En esta categoría el salario solo es importante si hay diferencia entre lo que hacemos y lo que realmente nos acaban pagando.

Dinero

Es la cantidad de pertenencias, bienes materiales o ingresos que tenemos, pero también son los gastos o las pérdidas. Una parte viene dada por el trabajo, por lo que son áreas que se relacionan entre sí.

Hogar

El hogar implica aspectos como la comodidad de nuestra casa, el entorno y la ciudad donde vivimos o la convivencia con los demás vecinos. Si no tenemos supermercados o gimnasios cerca y nos llegamos a sentir forzadamente aislados, debemos tenerlo en cuenta.

¿Y ahora qué?

Una vez que hemos analizado las ocho áreas con la Rueda del Año, cada aspecto de la misma y hemos obtenido una puntuación media de cada una, debemos empezar a establecer las metas. Para ello, ve primero a la que tenga la puntuación más baja. Por ejemplo, si en Salud tenemos un 4, ¿qué aspectos de esta categoría son los que nos hacen bajar la media? En cuanto a la salud física podemos estar satisfechos, tenemos buenos hábitos y hacemos deporte regularmente, pero hemos desatendido completamente nuestra gestión emocional. Es aquí donde crearemos el primer propósito de Año Nuevo. «Voy a trabajar mejor mi gestión emocional», y buscaremos cómo hacerlo.

Cada propósito debe ir acompañado de un pequeño plan de acción, algo que dé sentido y que traiga a la realidad lo que queremos lograr. Sin un correcto análisis del año, sin ver cada área y sin trazar un paso a paso, cada propósito tendrá los resultados que años anteriores. Si este año queremos tener éxito, debemos empezar a hacerlo de forma diferente.

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