¿Qué es la ruptura de pareja?

Una de las experiencias más dolorosas que se pueden vivir en el ámbito sentimental es la ruptura de pareja. No todos los conflictos de pareja pueden ser resueltos. En ocasiones, no queda más remedio que dar por finalizada la relación y afrontar una nueva etapa. Esto muchas veces es doloroso, por lo que es frecuente intentar evitarlo por todos los medios; sin embargo, intentar salvar la relación no siempre es la mejor idea. A veces, debido a los acontecimientos pasados, la pareja queda irreversiblemente rota y lo mejor es saber pasar página.

En estos casos, lo más importante es afrontar la ruptura y la nueva etapa de la mejor manera posible. Una vez termina la relación, el primer paso es volver a aprender a afrontar la vida sin la otra persona. Lógicamente en estos casos existe un proceso de duelo, que han de pasar ambas partes. Sin embargo, esta es una etapa normal que debe dar lugar a una nueva fase, en la que reiniciar un proyecto de vida, bien en solitario bien con una nueva pareja.

Cuando se da una ruptura de pareja, se experimenta una auténtica sensación de desgarro emocional. Después de haber querido a una persona, debemos aprender a estar solos; esto implica ser conscientes de que no volveremos a tener a esa persona cerca, sus abrazos, sus caricias, etc. Debido a esto, es normal que quienes pasan por una ruptura sentimental puedan llegar a experimentar problemas tales como la ansiedad o la depresión. El aspecto positivo, sin embargo, es que con tiempo y ayuda es posible superar esta sensación de pérdida; de hecho, aunque no se puede afirmar que una ruptura de pareja sea en sí misma algo positivo, por lo general es un proceso de aprendizaje que nos permite madurar como personas.

¿Cuáles son las causas que pueden ocasionar una ruptura de pareja?

Cada relación es única, así que no existe un único motivo que pueda dar lugar a una ruptura de pareja. Por el contrario, podemos encontrar tantas causas que pueden dar lugar a una separación como individuos hay.

Sin embargo, sí que podemos afirmar que algunos elementos son más frecuentes que otros; por este motivo, cabe señalar algunos de los obstáculos que más comúnmente terminan por destruir las relaciones sentimentales.

Problemas que suelen desencadenar una ruptura de pareja
  • Monotonía: se da cuando al menos uno de los miembros de la pareja ha perdido el interés en la relación. Suele manifestarse después de que la rutina se haya adueñado del día a día. En estos casos, suele producirse una sensación de desencanto que termina por destruir la relación de pareja.
  • Hijos: contrariamente a lo que generalmente se cree, este es uno de los factores más frecuentes de ruptura de pareja. La llegada de hijos a una pareja suele conllevar nuevas obligaciones y responsabilidades. Esto, unido a una mayor dificultad para mantener la intimidad, puede ser un factor altamente desestabilizador.
  • Problemas de convivencia: en otras ocasiones, el problema suele encontrarse simplemente en la convivencia diaria. Querer a una persona no implica saber convivir con ella. Asegurar un espacio propio, a la vez que mantener puntos de encuentro con la pareja, no es nada sencillo.
  • Celos: otras veces la ruptura de pareja se da como consecuencia de una excesiva posesividad de una de las partes. Preocuparte por tu pareja y temer ser sustituido no es malo siempre que ello no nos haga coartar su libertad.
  • Responsabilidades: la distribución de tareas y responsabilidades es otro problema frecuente. Como en toda relación, si las cargas y obligaciones no son equitativas es habitual que termine produciéndose una ruptura.
  • Pérdida de intimidad: el sexo es un elemento básico en las parejas. Cuando hay disfunciones en este ámbito, es normal que la relación se resienta. Esto muchas veces termina generando otros problemas añadidos, como la confianza o la autestima.
  • Infidelidad: mantener relaciones fuera de la pareja y sin su consentimiento es otra de las causas frecuentes de separación. Estas infidelidades dan lugar a un sentimiento de traición, que muy comúnmente destruyen la relación de pareja.
¿Cómo saber si una ruptura de pareja puede volverse especialmente problemática?

Muchas veces la ruptura de pareja es inevitable, por mucho que prefiriésemos salvar la relación. Como hemos mencionado, esto no es necesariamente malo, pues una relación solo tiene sentido si permite a sus integrantes desarrollarse personal y emocionalmente de una manera positiva. En este contexto, cuando una relación sentimental se vuelve tóxica o improductiva, muchas veces lo mejor es finalizarla.

El problema muchas veces no está en que la relación finalice, sino la manera en que lo hace. Así, lo normal es que tras la ruptura de pareja se inicie un proceso de duelo que, con el tiempo, nos permita establecer nuevos vínculos emocionales. Sin embargo, esto no siempre sucede de este modo, en cuyo caso podemos estar ante un problema.

El duelo patológico ante la ruptura de pareja

Hablamos aquí de un duelo patológico, o lo que es lo mismo, de una ruptura de pareja no superada. Esto se da cuando el proceso de duelo no ha transcurrido con normalidad o se ha estancado. Por lo general, este duelo lleva un tiempo de entre seis y veinticuatro meses en ser asimilado y superado; por ello, una de las principales señales de alarma es si se prolonga excesivamente en el tiempo. Así, aunque en la mayor parte de los casos la separación se supera en menos de un año, solo hablaríamos de duelo patológico si esta etapa se prolonga por encima de los dos años desde el momento de la separación.

Más allá de la duración del duelo, también son de importancia los comportamientos que se desarrollan durante este periodo. Ser conscientes de la realidad y no aferrarse a fantasías es, en estos casos, una señal de normalidad; muchas veces sin embargo ocurre justo lo contrario. Así, ante la perspectiva de la ruptura, nos engañamos a nosotros mismos convenciéndonos de que no es un proceso definitivo. Evitamos tomar consciencia de que la ruptura es irreversible, y fantaseamos con la posibilidad de retomar la relación.

Otros tipos de manifestaciones de un posible duelo patológico se da cuando se desarrollan conductas inadecuadas. Esto sucede, por ejemplo, cuando intentamos huir del dolor de la ruptura mediante el consumo de alcohol o drogas. Muchas veces se desarrollan estos comportamientos como manera de evitar la sensación de tristeza; sin embargo, estas sustancias no solo no nos ayudarán, sino que terminarán por agravar el problema y provocar otros nuevos.

Reacciones hostiles ante la pareja

Otras veces, el problema no se encuentra en cómo se gestiona a nivel interno la ruptura. En estos casos, la auténtica dificultad estriba en respetar la libertad de nuestra pareja y permitirle finalizar la relación. Existe una delgada línea entre intentar convencer a la otra persona de mantener la relación y coaccionarla.

Ante una separación, por supuesto es legítimo intentar revertir la situación y persuadir a la pareja para que continúe. Sin embargo, una cosa es ofrecer nuestros argumentos e intentar convencer, y otra muy distinta acosar u obligar. La diferencia estriba en el respeto hacia la decisión de la otra persona, que debemos asumir incluso si no compartimos.

En ocasiones, cuando esta línea no está del todo clara, se pueden llegar a desarrollar actitudes que pueden ser inapropiadas. Así, esto da lugar en muchas ocasiones a casos de acoso, en los que se persigue incansablemente a la expareja; esto además puede ser difícil de ver por quien desarrolla la conducta, pues frecuentemente ni siquiera es consciente de ello. Por estos motivos, ante cualquier indicio en este sentido es urgente acudir en busca de ayuda profesional.

¿Existen distintos tipos de ruptura de pareja?

Como ya hemos dicho con anterioridad, no existen dos relaciones iguales, del mismo modo que no existen dos personas iguales. De igual manera sucede con las rupturas, cada una es única y se produce por unos motivos concretos. Por este motivo, realmente no tiene sentido enumerar un listado de diferentes tipos de separación.

Sin embargo, sí que existe un elemento que diferencia las rupturas, y que hace que unas y otras se diferencien. Se trata de la existencia o no del mutuo acuerdo en el proceso de separación. Aunque una ruptura será siempre un proceso doloroso, si existe este consenso mutuo se hará mucho más llevadero.

Cuando ambas partes de la relación coinciden en la necesidad de dar por finalizada la pareja, hay mucho camino ganado. En estos casos, la sensación de pérdida es profunda, pero es al fin y al cabo una elección propia. Se trata de un camino difícil, pero que personalmente estamos seguros de tener que recorrer.

Por el contrario, es mucho más complejo el caso de las rupturas no consensuadas. Aquí, no existe ese paso previo de asimilación, sino que la pérdida viene impuesta por otra persona. Esto hace que el desgarro emocional sea mucho más elevado, lo que puede dar lugar a reacciones más fuertes. Así, muchas veces nos resistimos al proceso de pérdida, intentando aferrarnos a una relación que ya está rota; o aún peor, terminamos siendo presos del rencor, y optamos por perjudicar tanto como sea posible a la otra persona.

¿Cómo se puede tratar los problemas ocasionados por una ruptura de pareja?

Los procesos de ruptura de pareja, aunque dolorosos, en la mayor parte de las ocasiones suelen superarse con el tiempo. Es un proceso normal que únicamente requiere de un periodo para asimilar nuestras emociones y adaptarnos a la nueva situación. Se trata, en definitiva, de una etapa en nuestra vida que si bien dolorosa, no suele conllevar mayor complicación.

Por lo tanto, solo en algunas circunstancias será necesario acudir a psicoterapia como consecuencia de una separación. Esto se da cuando el proceso de duelo por la pérdida de la pareja no se ha desarrollado adecuadamente; en estos casos, se producen desajustes emocionales o conductuales que nos hacen sufrir más allá de lo que consideraríamos normal.

El proceso para tratar un duelo por ruptura de pareja comprende varias etapas, y es necesario pasar por todas ellas. Es por esto que es muy difícil pasar una determinada etapa si no se ha cerrado convenientemente la anterior.

Así, el primer paso consistirá en comprender a qué se debe la ruptura; solo si entendemos los motivos que le han dado lugar, podremos empezar a asimilar lo ocurrido. Una segunda etapa sería la aceptación, en la que debemos asimilar que la relación efectivamente ha acabado.

En fases posteriores se trabajará sobre aspectos como la autoestima y las emociones propias, preparando así el terreno para establecer nuevos vínculos afectivos que no se vean lastrados por la experiencia fallida de la relación anterior. De este modo, se consigue no solo el cierre de la antigua pareja, sino la preparación a relaciones futuras.

En los casos más complejos, un psicólogo experto puede acompañarnos en este proceso, guiándonos y orientándonos en cada momento para ayudarnos a asimilar correctamente la separación.

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