La sensación de sentirse vacío es algo natural y puntual en la mayoría de las personas, aunque unas pocas lo viven de forma frecuente. Si ocurre en momentos muy concretos y cortos de nuestra vida, no tiene una mayor repercusión en nuestro estado de bienestar global. De hecho, puede ayudarnos a reorientarnos respecto a nuestras metas y poder avanzar por otra dirección. El problema es cuando ni es puntual ni tiene una corta duración. Acaba siendo incapacitante para quien lo sufre y le impide avanzar y crecer.

Sentirse vacío implica un grupo de emociones, acompañado de una serie de pensamientos y conductas. Saber cuál es su origen y cómo podemos solucionarlo, nos ayuda a restablecer nuestra salud mental y poder volver a estar bien.

¿Cómo es sentirnos vacíos?

Sentirse vacío provoca en la persona sentimientos de apatía, falta de motivación, baja energía y tristeza. A menudo también puede desembocar en frustración, rabia o miedo, pero como consecuencia de estar largos periodos así y no encontrar solución. Siento que algo me falta, que lo que tengo no me hace sentirme en plenitud y que, incluso, el futuro parece desesperanzador.

Podemos llegar a confundirlo con estados depresivos, aunque realmente no siempre se encuentran relacionados. Si me siento vacío, tal vez no esté deprimido. Sin embargo, si me siento deprimido, seguramente también me sienta vacío. Sentirse vacío es algo muy concreto que no siempre se une a otras formas de malestar psicológico.

Cuando una persona se siente vacía, alcanza puntos muy negativos donde no encuentra nada que le satisfaga. Es un momento de crisis existencial donde, a menudo, ni siquiera nos planteamos qué queremos o que nos falta. Sentirse vacío implica que lo que soy, lo que hago y lo que tengo actualmente no me produce ni bienestar ni me llena.

La pérdida y el sentimiento de vacío

¿Cómo podríamos definir una pérdida? Normalmente lo entendemos como el tener una determinada cosa que un día dejamos de tener; la hemos perdido. Sin embargo, la pérdida va mucho más allá. No solo implica lo que tengo, sino también lo que hago y lo que soy. Y tampoco implica el haberlo perdido ya, sino el tener la certeza de que algo se pierde. Por tanto, puedo sufrir la pérdida de un trabajo del cual sé que se me acaba el contrato en dos meses. También sufro la pérdida de un ser querido que está muriendo. Y siento la pérdida de mí mismo al ver la ilusión que tenía en la infancia y como ya no la tengo.

Sentirse vacío va acompañado siempre de una pérdida, ocurrida o no. Y, además, también puede ir acompañada de una pérdida que no es real, es decir, que ni ha ocurrido ni tengo pruebas absolutamente reales de que vaya a ocurrir. Con el ejemplo del trabajo, puedo estar angustiado creyendo que me van a echar cuando ni se me va a acabar el contrato ni nadie me ha dicho nada negativo sobre mi desempeño. Aunque nuestro cerebro siempre encuentra razones que parecen muy lógicas para convencernos de que lo que pensamos tiene que ser real siempre.

Pérdidas no resueltas

Toda pérdida debería activarnos la tristeza, ya que es la única emoción que es funcional en ese tipo de situaciones. Si pierdo el trabajo porque se me acaba el contrato, la rabia, por ejemplo, no me ayudará. Y es que, la tristeza es la emoción del desarrollo. Evalúa la pérdida, la asume y elabora una serie de planes, soluciones o alternativas para solucionar en la medida de lo posible dicha pérdida. En algunos casos, la pérdida no tiene una solución como tal, pero sí hay que asumirla y movilizar nuestras acciones a que nuestra vida pueda desarrollarse sin aquello que hemos perdido, aunque ya nada sea lo mismo.

Además de conectar con la tristeza ante las pérdidas, la intensidad de la emoción debe ser acorde a aquello que lo ha activado. Si pierdo las llaves por casa, mi tristeza no puede elevarse hasta deprimirme y caer en catastrofismo. Será tan elevada que no me ayudará a buscarlas.

Sentirse vacío tiene que ver con las pérdidas, algunas que arrastramos sin resolver y otras que no estamos detectando. A menudo vemos que ese sentimiento apareció cuando una persona falleció o cuando suspendí un examen de la oposición. Tenemos claro el desencadenante, aunque no hemos elaborado estrategias de desarrollo. Y, en otras ocasiones, sentirse vacío no lleva un estímulo previo, aunque seguramente si lo habrá, pero muchas veces está muy atrás en el tiempo.

Acaba con el vacío

El sentirse vacío va unido a pérdidas reales o imaginadas, anticipadas u ocurridas, las cuales necesitan ser procesadas y, llegando el caso, resueltas. Si me quedo bloqueado en lo que siento y no ejecuto ningún mecanismo de actuación, la emoción irá aumentando, reclamándome cada vez con más fuerza que haga algo.

Por tanto, si lo que quiero es dejar de sentir vacío, tengo que conectar con la tristeza y buscar soluciones. Para ello, tengo que usar determinados mecanismos.

¿Real o falsa?

En primer lugar, tengo que saber si la pérdida es real o falsa.

  • Pérdidas anticipadas: Aquello que creo que voy a perder, ¿se va a perder realmente? Tengo que encontrar pruebas irrefutables de que eso pueda ser así. Sino la anticipación no sería motivo de tristeza, sino tal vez de otro tipo de emociones. Creo que me van a echar del trabajo porque no soy válido, y eso es falta de valoración personal.
  • Pérdidas ya ocurridas: lo que he perdido, ¿es realmente una pérdida? Un amigo me ha traicionado y, al hacerlo, he ido viendo como realmente era tóxico para mí. Me ha dejado de hablar, pero no he perdido algo, sino que he sentido alivio por desprenderme de alguien así.
Plan de acción

Una vez detectadas las pérdidas, podremos actuar sobre las que son reales. ¿Cómo? Elaboro un plan de acción que me lleve a solucionar esa pérdida, buscar una alternativa o, al menos, salir de donde estoy. La solución no es estar igual o mejor que antes, es simplemente avanzar y reparar. Si se me rompe el coche y me gasto dinero en arreglarlo, tengo menos dinero que antes, pero he salido de la situación y he reparado la pérdida.

Acabar con el sentimiento de vacío implica, ante todo, encontrar las pérdidas que lo originaron, saber si son reales o falsas, y actuar sobre aquellas que sí lo son. Eso nos devuelve el control a nuestra vida y restaurará en poco tiempo el bienestar.

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