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Sentirse vacío: ¿Qué es y cómo podemos solucionarlo?

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Terapia psicológica
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La sensación de sentirse vacío es algo natural y puntual en la mayoría de las personas, aunque unas pocas lo viven de forma frecuente. Si ocurre en momentos muy concretos y cortos de nuestra vida, no tiene una mayor repercusión en nuestro estado de bienestar global. De hecho, puede ayudarnos a reorientarnos respecto a nuestras metas y poder avanzar por otra dirección. El problema es cuando ni es puntual ni tiene una corta duración. Acaba siendo incapacitante para quien lo sufre y le impide avanzar y crecer.

Sentirse vacío implica un grupo de emociones, acompañado de una serie de pensamientos y conductas. Saber cuál es su origen y cómo podemos solucionarlo, nos ayuda a restablecer nuestra salud mental y poder volver a estar bien. Para ello, contar con ayuda psicológica es fundamental.

¿Qué significa sentirse vacío por dentro?

Cuando hablamos de sentir vacío, nos referimos a una experiencia emocional compleja que combina apatía, falta de motivación, baja energía y tristeza difusa. No es simplemente aburrimiento: es la sensación persistente de que algo esencial falta, sin saber exactamente qué.

Las personas que lo experimentan suelen describir:

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  • «Nada me emociona ni me importa como antes»
  • «Siento que voy en piloto automático»
  • «El futuro me parece borroso o sin sentido»
  • «No encuentro nada que me llene de verdad»
 

Una aclaración importante: sentirse vacío no es lo mismo que estar deprimido. Si bien ambos estados pueden coexistir, el vacío es una experiencia específica. Una persona puede estar deprimida y sentirse vacía, pero también puede sentirse vacía sin estar deprimida. Saber distinguirlos es clave para no caer en el autodiagnóstico erróneo. 

Cuando existe relación con estados de ánimo crónicos, puede haber vinculación con condiciones como la distimia.

Vacío emocional vs. depresión: diferencias clave

CaracterísticaSentirse vacíoDepresión
Estado de ánimoApatía y falta de sentidoTristeza profunda y persistente
Causa identificableNo siempreA menudo sí (aunque no siempre)
MotivaciónMuy reducidaAusente o casi nula
Duración típicaVariable, puede ser puntualSemanas o meses (criterio clínico)
Relación con pérdidasFrecuentemente ligado a ellasNo necesariamente

¿Es normal sentirse vacío?

Sí, es completamente normal sentirse vacío en determinados momentos de la vida. Transiciones importantes, el final de una etapa, un cambio de trabajo, una mudanza, pueden generar esa sensación de que algo se ha perdido antes de que lo nuevo tome forma.

El problema no es sentirlo; el problema es cuando ese vacío se instala y no encontramos cómo salir de él. Si te preguntas «¿por qué me siento solo y vacío constantemente?», ese «constantemente» es la señal que merece atención.

¿Por qué nos sentimos vacíos? Causas más frecuentes

El sentimiento de vacío suele estar ligado a la pérdida, ya sea real o anticipada. Puede surgir tras la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, la pérdida de un empleo o incluso al sentir que hemos perdido nuestro propósito en la vida. En otros casos, este vacío puede no estar relacionado con una situación concreta, sino con una sensación interna de insatisfacción y falta de conexión con uno mismo.

Identificar el origen de este sentimiento es clave para comprender cómo no sentirse solo y vacío. Es importante analizar si lo que sentimos se debe a una pérdida real o si, en cambio, es una percepción basada en miedos o creencias que nos limitan. A continuación profundizaremos en este aspecto.

1. Pérdidas reales o anticipadas

El sentimiento de vacío aparece muy frecuentemente vinculado a pérdidas como la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, la pérdida de un empleo o incluso la pérdida del propio propósito vital. Pero no solo importa lo que ya ha ocurrido, también el miedo a perder algo que todavía tenemos puede generar ese vacío anticipado.

Y hay pérdidas que ni siquiera reconocemos como tales, como perder la ilusión de la infancia, ver cómo una versión de nosotros mismos ya no existe… Son pérdidas del yo que también pesan.

2. Burnout y agotamiento crónico

Una de las causas más infravaloradas, el agotamiento crónico por estrés laboral o vital (burnout) puede vaciar emocionalmente a una persona de forma gradual. No hay una pérdida concreta que señalar, pero la sensación de vacío es igualmente real. La persona funciona externamente, pero por dentro siente que «ya no le queda nada».

Si te sientes vacío sin saber por qué, y llevas meses sobrecargado o con la sensación de que nada de lo que haces tiene sentido, el burnout puede estar en el origen.

3. Rutina sin estímulos significativos

Una vida externamente estable, pero emocionalmente plana, sin retos, sin conexiones genuinas, sin proyectos que nos importen, también genera vacío existencial. No es necesario haber sufrido un trauma para sentirlo, a veces simplemente la vida se ha vuelto mecánica y hemos perdido contacto con lo que nos importa.

4. Pérdidas no resueltas

Toda pérdida necesita ser procesada emocionalmente. La tristeza, frecuentemente rechazada por ser incómoda, es precisamente la emoción que nos permite asumir lo que ya no está y avanzar. Cuando esas pérdidas se bloquean, el vacío se acumula y se cronifica.

La tristeza es la emoción del desarrollo, evalúa la pérdida, la asume y nos orienta hacia nuevas alternativas. Sin ese proceso, el vacío no tiene salida.

¿Te identificas con alguna de estas causas? → Pide cita en Somos Psicólogos 

Síntomas del vacío emocional: cómo reconocerlo

Reconocer los síntomas ayuda a identificar si lo que sientes es realmente vacío emocional y no otro tipo de malestar. Los más frecuentes:

  • Apatía generalizada: nada parece merecer esfuerzo
  • Sensación de irrealidad o de “estar de paso” en tu propia vida
  • Dificultad para conectar con otras personas, incluso las cercanas
  • Bajo estado de ánimo persistente sin causa aparente
  • Búsqueda de estímulos intensos (sobrecomida, pantallas, compras) para «tapar» el vacío
  • Pensamientos del tipo “¿para qué sirve todo esto?”
 

Si llevas semanas o meses con estos síntomas, es importante no ignorarlos. El bajo estado de ánimo persistente puede agravarse si no se aborda a tiempo.

Cómo dejar de sentir vacío: primeros pasos prácticos

Superar el sentimiento de vacío requiere un proceso gradual. Estos son los pasos fundamentales, y algunos ejercicios concretos para empezar hoy.

Paso 1: Distingue si la pérdida es real o anticipada

Antes de actuar, necesitas saber con qué tipo de vacío estás tratando:

¿La pérdida ya ocurrió? Identifícala sin juzgarte. Nombrarla es el primer paso para procesarla.

¿Es una pérdida anticipada? Pregúntate: ¿tengo pruebas reales de que eso va a pasar? A menudo el cerebro construye amenazas que no se materializan.

¿No hay ninguna pérdida clara? Puede estar relacionada con burnout o rutina sin propósito. Lee el paso 3.

Paso 2: Conecta con la tristeza (no la evites)

La tristeza no es el enemigo. Es la emoción que asimila la pérdida y nos orienta hacia adelante. Evitarla, llenando el tiempo con distracciones, sobreactividad o anestesia emocional, alimenta el vacío.

Ejercicio: Reserva 15 minutos al día para sentarte con lo que sientes, sin pantallas, sin tareas. Escríbelo si ayuda. Solo nombrarlo ya reduce su intensidad.

Paso 3: Activación conductual

Cuando el vacío viene de la rutina o el burnout, el cerebro necesita estímulos significativos, no solo descanso. La activación conductual es una técnica respaldada por la psicología clínica, consiste en recuperar actividades que antes te aportaban algo o introducir nuevas.

Ejercicios de activación conductual para empezar:

  • Define una actividad placentera pequeña para hoy (no mañana, hoy)
  • Establece una micro-meta diaria: algo concreto, alcanzable en 10 minutos
  • Recupera una afición que habías abandonado, aunque sea 20 minutos a la semana
  • Sal a caminar sin destino durante 20 minutos, prestando atención a lo que ves

Paso 4: Elabora un plan de acción sobre las pérdidas reales

Una vez identificadas las pérdidas reales, el objetivo no es volver al punto anterior, eso no siempre es posible, sino avanzar desde donde estás. Como con un coche averiado, si lo reparas, tienes menos dinero que antes, pero has salido de la situación.

Pregúntate: ¿Qué pasos concretos puedo dar esta semana para reparar o adaptarme a esta pérdida? No necesitas un plan perfecto, solo el siguiente paso.

Cuándo buscar ayuda psicológica cuando te sientes vacío

La terapia psicológica no es un último recurso, es una herramienta eficaz para quienes quieren salir del vacío con apoyo profesional. Considera pedir ayuda si:

  • El sentimiento de vacío dura más de dos semanas y no mejora
  • Interfiere con tu trabajo, relaciones o actividades cotidianas
  • Va acompañado de pensamientos negativos persistentes sobre ti mismo o el futuro
  • Has intentado aplicar estrategias por tu cuenta y no has notado mejoría
  • Aparecen síntomas físicos asociados (insomnio, falta de apetito, fatiga extrema)
 

En Somos Psicólogos llevamos más de una década ayudando a personas a encontrar las pérdidas que originan el vacío y recuperar su bienestar. Puedes conocer más sobre cómo la depresión y el estado de ánimo se relacionan con este proceso.

Imagen de Beatriz González

Beatriz González

Fundadora y directora de Somos Psicología y Formación. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid Máster en Neuropsicología por la Clínica San Vicente Terapeuta EMDR Nivel II

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18 comentarios en «Sentirse vacío: ¿Qué es y cómo podemos solucionarlo?»

  1. Hola Marcela.
    Gracias por tu interés.
    Puedes llamar al 911665047 o contactar a través de nuestra web.
    Podemos ofrecerte terapia online si lo deseas.
    Un abrazo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  2. Hola Guadalupe.
    Siento que te encuentres de esta manera. Debe ser muy duro para ti.
    A veces sentirse de esa manera es un síntoma de depresión.
    ¿Hay alguna emoción que logres sentir con más intensidad?
    ¿Qué ocurrió con tus amigos?
    Un abrazo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  3. No estoy segura si lo que leí describe el vacío que yo siento. Tal vez la pérdida más grande que he tenido es la de mis amigos… A veces siento que los perdí todos, aún si de vez en cuando hablo con ellos.
    Pero no sé si es el desencadenante de lo que siento. Mí vacío es aterrador… No siento emoción por nada de lo que hago, y aunque antes un abrazo de mí mamá me aliviaba, ahora eso no me produce absolutamente nada… Y eso me asusta. A veces me despierto y no sé si es real o no lo que veo, y por momentos pienso en que sigo dormida, que mi vida es una pesadilla constante y que nunca me desperté. Todo esto me hace pensar que estoy enferma, pero a su vez es tanta la soledad que no sé a quién decírselo (incluso si tengo realmente alguien con quién hablar).
    Hoy le envié a un pequeño alumno un vídeo con mis alumnos, saludándolo y deseando que se recuperara. Cuando me enfoqué a mí misma, noté que mí mirada no tenía ninguna expresión. Parecía no tener sentimientos de tristeza o de pena, y aunque quise desearle lo mejor a este niño, no lo sentí real en mí corazón. Cada vez que sonrío o que río lo hago por inercia. No lo puedo sentir, y siento que en la mirada se me nota. ¿Qué puedo hacer?

  4. Hola Claudia.
    Gracias por tu comentario.
    Siento mucho lo que te ocurrió. Debió ser muy duro para ti.
    Gracias por compartir con nosotros el cómo te sientes.
    Un saludo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  5. El artículo me resultó muy interesante… Siento ese terrible vacío desde hace unos años…. Por un aborto espontáneo, la muerte de algunos seres queridos y sobre todo…. Por el cambio de paisaje… Por notar que «…nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». Es una perdida de esperanzas fundamentalmente.
    Por otra parte, creo que Javier escribe muy bien. No importa de donde provienen sus ideas…. Son coherentes y brillantes.
    Muchas gracias Vega

  6. Gracias por tu respuesta Javier.
    Me alegra saber que has logrado encontrarte mejor con la medicación y haciendo estos trabajos.
    Un fuerte abrazo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  7. Sí, tomo medicación. Me inyectan, en el centro de salud, todos los meses, desde julio del 2019, 400mg de Abilify (Aripiprazol). Tomo Eutirox, desde el 2008, porque me cargué la tiroides con el litio. También me recetaron Escitalopram de 10mg y Loracepam. Vuelvo a ver al psiquiatra el 20 de abril.

    En cuanto a lo de retomar la terapia psicológica, prefiero dejarlo por el momento. Ya sé que me vas a aconsejar que acuda a terapia, que me ayudaría mucho. Lo entiendo. Pero ahora estoy ocupado con pequeños trabajos eventuales que me distraen y que no suponen una responsabilidad que llegue a causarme estrés y ansiedad. De algún modo me dignifican, sí, y me hacen sentir útil y válido. Aunque no me siento realizado por ello. Todas las mañanas de la semana las tengo ocupadas y las paso fuera de casa sin la inercia esa de andar por el pasillo rumiando angustias o maquinando penas, dejando pasar las horas sin más sentido que el de que anochezca pronto para irme a la cama. Eso ya sólo lo hago por las tardes.

    Gracias por atenderme Vega. Un abrazo.

  8. Hola Javier.
    Nunca es tarde para cuidarse a uno mismo y buscar estar mejor.
    Siento que te encuentres así. ¿Estás tomando medicación?
    En ocasiones los psicólogos de la Seguridad Social se centran en los casos más graves debida a la alta demanda y los pocos recursos con los que cuentan. ¿Has pensado en ir de forma privada?
    Un saludo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  9. Dormir. Dormir me alivia. Cada día deseo que llegue la noche para meterme pronto en la cama. Me escondo durante diez o doce horas. Y no tengo ganas de levantarme, de salir de la cama, de salir al mundo… Me evado de mí mismo. Hasta la inconsciencia del sueño. Huyo avergonzado de mis precarias circunstancia y condición. Me voy a la cama con la esperanza de ser, en sueños, otro más decidido y resolutivo. Con la esperanza de ser otro más vital y auténtico. Quizá con la esperanza de que surja, mientras duermo, aquella euforia de la manía, lo confieso. Aún dependo de esa exuberancia delirante que tantas veces me ha alentado. A pesar de que a veces prefiero despertar porque es la pesadilla la que sucede, y es demasiado cruel, más hostil incluso que las experiencias delirantes que he padecido. Dormir mucho como huida de la realidad. Porque apenas sí puedo afrontar este anodino pasar los días sin intención sentido y finalidad. Por eso supongo que dormir me alivia. De algún modo siento que me libera, que me libra, que me “salva”, de ese imperativo tan exigente por el que tener que querer poder llegar a ser…

    Acudir a terapia me pone alerta. Me exige acometer unas tareas en las que ya no creo ni deseo. Ya no me entusiasma tener que hacer esto y lo otro para realizarme, para cuidarme, o para conocerme y así evitar caer en el error. Estoy rendido, a la deriva… Entre los años 2010 y 2012 estuve acudiendo a logoterapia. Entonces conocí los textos de Frankl. Y hasta hace unos meses, durante año y medio, he estado acudiendo a TCC en la seguridad social. Me han “dado el alta” tras tres citas y me han dicho que si algo me preocupa que pida cita de nuevo. No me han hecho mucho caso. Me han despachado pronto: El psicólogo entendió que resolvía mi caso aconsejándome que solicitara una pensión por incapacidad. La pensión por incapacitación me lleva a pensar, o a rumiar, o a maquinar, que tengo que aceptarme como individuo inútil, como persona inválida, como sujeto desvalido, como acobardado, como ser humano desgraciado… Aguantar. Eso me dicen, que aguante, que resista, que insista en persistir… Pero yo lo que quiero es desistir. Desistir de querer-hacer, de querer-tener y de querer-tener-que-hacer-para-poder-llegar-a-ser. Llegar-a-ser es la tarea del joven. Y yo ya no soy joven. Fracasé en la tarea de llegar-a-ser. Ahora me toca aceptarlo, asimilarlo y decidir si sigo viviendo asumiendo tal frustración. Supongo que en eso consiste “la crisis existencial de los cuarenta”. Estoy asustado ante esta situación sin panorama ni horizonte, sin proyección ni futuro. Aunque la falta de metas y de sentido, y de intención, me enajenan, sí, a la vez me alivian del tener que afrontar y abordar mi presencia en el mundo, mi vida y mi existencia. Qué mal llevo eso de tener que asumir retos luchas odiseas curas…Por eso dormir y tratar de escribir acerca de lo leído son una vía de escape, porque me distraen de tales trajines actividades y ejercitaciones por llegar a ser. Me he convertido en un descreído del mundo, de la vida y de la trascendencia de sí mismo. No tengo remedio: estoy acabado; estoy “más acabao que La Falange en Vizcaya”.

  10. Gracias por tu respuesta, Javier.
    Al menos el escribir te proporciona cierto alivio.
    ¿Qué otras cosas te hacen sentir más aliviado? ¿Acudes a terapia psicológica?
    Un saludo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  11. Hola Vega.

    Sí, todo eso lo escribo yo, claro. Pero sólo son captaciones residuales de expresiones que saco de lecturas un tanto inconstantes que he hecho de algunos textos de filosofía y psiquiatría. No son ideas originales mías. Es un popurri de conceptos y expresiones de otros autores a los que no he llegado a asimilar bien.

    Gracias. Al escribir estas cosas intento abarcar una totalidad que me cobije y hospede. Es lo que busco tras haber sentido estar arrojado a la inhospitalidad de la locura durante tantas veces.

    Escribir me alivia. Sólo me alivia. Nada más. No me empuja a nada más. No me compromete a tener que llegar a ser de ningún modo. Escribir me configura un poquito, sí, pero no llega a fundamentarme de un modo fuerte, y, sobretodo, no me desdibuja como lo hace la locura. Ójala y el escribir me realizara de modo práctico, o me ayudase a gobernarme, o me dignificara la existencia, o me ayudase a empoderarme y apropiarme, o me salvase…, pero no, sólo me alivia. Más bien escribir me alivia en los periodos depresivos, en los que me autocompadezco de mí mismo y eso me consuela, me regocija…, …pero en los periodos maníacos, el escribir, primero, me ha lanzado a ser una identidad fuerte capaz de todo, para luego difuminarme en una horrible experiencia de la trivialidad que me deja solo y aislado ante la nada. Ahí es cuando he tocado fondo y he tenido que volver a empezar…

    Un saludo.

  12. Hola Javier.
    Gracias por tu comentario.
    ¿Todo esto lo escribes tú? Escribes muy bien.
    Veo que escribir es algo que te ayuda sentirte mejor. ¿Es así?
    Un abrazo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  13. Ser y sentirse pleno: Ser y sentirse individuo útil, persona válida, sujeto valioso, dasein valeroso y ser humano agraciado.

    El reto de la utilidad. La odisea de la validez. La quimera de la valía. La lucha del valor. La panacea de la gracia y del don.

    Ser y sentirse vacío: El loco como individuo inútil que no se construye a sí mismo ni adecuadamente al mundo al que hay que dotar de una carcasa que al menos lo etiquete práctica y resueltamente ante los ojos de los demás como individuo alienado al que poder eludir. El loco como persona inválida que no se gobierna afectivamente a la que hay que sojuzgar sus pasiones destemplanzas y mal-humores para que se sostenga higiénica y decentemente. El loco como sujeto despreciable que no supera ni trasciende su condición al que hay que sacudir su desgana y desistimiento y espolear su desidia y derrota con la consensuada congruencia coherente del diagnóstico médico que lo reconoce como trasroscado. El loco como ser-ahí embotado y acobardado, carente de fundación y fundamento, al que hay incentivar su apropiación, con los rigores y seguridades que las narrativas de las terapias describen, no para que se cuide conozca y realice, sino para que, meramente, se auto-contenga y soporte. El loco como ser humano desgraciado al que hay que dotar del don de una presencia ausente que no moleste ni critique ni denuncie las precariedades penurias y miserias de ese intenso y cuerdo estar-siendo-uno-con-otros que insiste persiste y resiste en existir ávidamente en-sí/para sí mismo sin desistir cortésmente hacia/con/por los otros.

    Ah, la locura tampoco nunca fue una cortesía que permitió ser y que dejó estar al otro; ah, la locura como cortesía que quiere dejar de ser sí misma para poder llegar a ser sí misma, ese oxímoron kierkegaardiano de la angustia y de la desesperación. Ah, la locura, no como cobardía, sino como inocencia que deviene en libertad, en la apertura y el desvelamiento de la falta de fundamento, en una existencia en exilio y éxodo, sin arribo ni advenimiento, sin más rumbo que el de la deriva que la tragedia del ser sugiere. Ah, la locura como rigor y seguridad del des-(a)precio con el que se aprecia el sujeto; ah, el des-(a)preciarse como ejercitación con la que aliviar la carga de la superación de la trascendencia y de la salvación con las que Zarathustra propone llegar a ser pindáricamente, nos invita a querer-ser y nos convida a poder-ser. Ah, la locura relacionada con esa desmedida ebriedad dionisíaca de los sentimientos exacerbados como pathos más genuino de la persona; ah, qué ortopedia más cándida con la que abordar y afrontar la vulnerabilidad congénita y aprendida. Ah, la locura y la decencia de la inutilidad que decide retardarse retraerse y dejar de estar-siendo entre las inquietudes, inclinaciones y exigencias de las premuras del mundo.

    (Éste es el escaso consuelo que obtengo de la astenia que padezco; esto es todo el regocijo que la abulia puede darme; éste es el único sosiego que la apatía me otorga; ésta es la serenidad de esa alogia que ni me percibe exactamente, ni me comprende verazmente, ni me interpreta abiertamente; ésta es la poca placidez que la anhedonia me proporciona: la de cierto envanecido y autocompasivo autobombo rumiativo y maquinante…)

  14. Hola Belén.
    Gracias por tu comentario.
    En ocasiones en los sueños se experimentan emociones intensas y se viven como muy reales.
    ¿Cómo te sientes con tu pareja? ¿Qué tal te sientes en la relación?
    Un abrazo.

    Vega Marcos. Psicóloga de Somos Psicología y Formación.

  15. Experimento sentimientos pasionales en sueños que nunca he sentido en la realidad con mi pareja que llevo 20 años con ella.¿ Porque me pasa eso?
    Y me levanto queriendo tener eso y queriendo volver al sueño

  16. Los vacíos del angustiado…
    …buscando consuelo ante una existencia precaria,
    …buscando regocijo por entre un mundo empobrecido,
    …buscando sosiego bajo un cielo trivial,
    …buscando placidez según cierta mísera vida,
    …y buscando serenidad tras un fútil ahí-afuera.

    Consuelo, regocijo, sosiego, serenidad y placidez frente a la destemplada desazón anímica del angustiado que lo vacía de toda aplicación práctica, o complicidad vital, o implicación existencial, o…

    En el angustiado patológico, en el loco, el consuelo del ser humano existente, ante la sátira de la nada, es un imposible por culpa de la astenia subyacente que desalienta a afrontar tal vacío. Y el regocijo del individuo pragmático, por las fabulas del mundo, también es imposible, ya que la abulia desanima a tal realización pragmática. Y el sosiego del sujeto, bajo la comedia de lo divino, se convierte en acedia apática que meramente empuja a dejar de tener esperanza. Y la serenidad del dasein, tras la tragedia del ser, es una destemplanza a causa de la alogia que impide concebir percepciones, entendimientos, comprensiones, interpretaciones y juicios verdaderos acerca de la realidad. Y la placidez de la persona, según los dramas de la vida, tampoco es posible debido a la anhedonia que impide sus gustos gozos y deleites, con los que empoderarse poseerse y gobernarse.

    Desde el [Consuelo, Regocijo, Sosiego, Serenidad, Placidez] que disfruta el cuerdo hasta la [Astenia, Abulia, Apatía, Alogia, Anhedonia] que padece el angustiado loco…

    Cinco dimensiones de la mismidad frustrada, o cinco vacíos: Obsolescencia pragmática del individuo irrealizado que es inutilidad, abandono vital de la persona desgobernada que es dejación, olvido existencial del ser humano indign[ificad]o que resulta ser arrojamiento, ausencia ontológica del dasein in-auténtico que no es apropiación y disgregación teológica del sujeto insalvable que no es kénosis.

    (Esto es una torpe teorización con la que esquematizar –o un vacuo esquematizar con el que teorizar– acerca de la frustración y vaciamiento que provoca la experiencia delirante…)

    La experiencia delirante no es un trajín pragmático que emancipe y regocije al individuo, ni una labor vital que satisfaga y plazca a la persona, ni una ejercitación existencial que consuele y dé sentido al ser humano, ni una actividad ontológica que serene y fund[ament]e al dasein, ni es ninguna faena teológica con la que se sosiegue y se salve el sujeto. La experiencia delirante es sólo vulnerabilidad que late inhibida, o desinhibidamente; en medio de un huero caos del pensamiento, de la palabra y de la acción; sin intención, ni sentido, ni finalidad, sin panorama, ni horizonte.

    (O de un querer-teorizar –o de un intentar-esquematizar—que, más que consolar, se compadezca del existente lunático; que, más que regocijar, cobije al individuo desquiciado; que, más que sosegar, oriente al sujeto ido; que, más que serenar, rescate al dasein destemplado; que, más que conformar, plazca al pobre loco…)

    La odisea por la realización del individuo, la panacea por la gobernanza de la persona, la quimera por la dignificación del ser humano, la cura por la autentificación del dasein y la utopía por la salvación del sujeto: cinco retos de la mismidad pindárica, aquella que consigue llegar a ser la que es, con los que la locura no comulga.

    Ah, la potencia del acto de {[querer (poder)] llegar a-} ser que nos realiza, que nos gobierna, que nos dignifica, que nos apropia, que nos hace superarnos, que nos hace trascender y que nos salva ante vacíos existenciales, futilidades ontológicas, vacuidades vitales, vanidades mundanas y menudencias divinas.

    Del poder llegar a ser sí mismo que conduce a la persona cuerda al dejar de querer llegar a ser sí mismo que padece la persona frustrada. De la decisión a la desidia. De la lucha victoriosa por ser sí mismo al derrotado desistimiento. Del solaz del guerrero a las tribulaciones del angustiado. Del afanoso hacerse aparecer a un inane dejarse retraer en lo oculto. De la apropiación auténtica al desasimiento alienado. De la sana presencia a la extraviada ausencia. Ser o no ser. Estar o no estar. Residir en el mundo de la vida o des-instalarse de la vida del mundo. Andar acompaña[n]do, o vagar aislado. Apertura exuberante de la extraversión o hermeticidad vacua de la introversión. Plenitud o vaciamiento. La cordura como plenitud del querer-ser. La locura como vaciamiento del no-poder-ser. Ay.

    (Ah, el cómo-insiste-en-llegar-a-ser-el-que-es toda persona cuerda y el por-qué-desiste-de-querer-poder-llegar-a-ser-el-que-es el desquiciado, preguntas que trazan el despliegue esencial y sustantivo con el que, como inquirientes, nos interrogamos por la verdad acerca de nosotros mismos. Oh, la verdad y el cuerdo: un destino, un éxito, un triunfo. Ay, la verdad y el loco: una aporía, una catástrofe, un fraude)

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