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Soledad no deseada

Cómo superar la soledad no deseada: causas y estrategias psicológicas

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Sentirse solo no siempre significa estar solo, una persona puede tener familia, amigos, compañeros de trabajo o vivir acompañada y, aun así, experimentar una profunda sensación de desconexión. 

De hecho, normalmente la soledad no deseada se hace evidente cuando existe una distancia emocional importante entre las relaciones que tenemos y las que necesitamos o nos gustaría tener.

¿Qué es la soledad no deseada y a quién afecta? 

Aunque es fruto de una experiencia subjetiva, entidades como la Cruz Roja definen la soledad no deseada como una discrepancia entre los vínculos que tiene una persona y los que le gustaría tener.

Es decir, no se trata de contar cuántas personas hay a su alrededor, sino de si sus relaciones son suficientes, satisfactorias o significativas respecto a sus necesidades.

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Puede aparecer en cualquier etapa de la vida, aunque no afecta igual a todo el mundo. El Barómetro de la Soledad no Deseada en España 2024 señalaba que el 20 % de la población adulta se siente sola y que el 13,5 % vive una situación de soledad crónica. 

El problema se extiende cada vez más entre los jóvenes de 18 a 24 años, donde alcanza el 34,6 %, y es algo superior en mujeres (21,8 % frente al  18 % en los hombres) y en mayores de 65 años de entornos urbanos (pasa del 12,7 % en localidades de hasta 20.000 habitantes a casi el doble – 25,1 % – en ciudades).

Causas de la soledad no deseada 

Las causas de la soledad no deseada no suelen reducirse a una única explicación, y responden a factores personales, sociales y económicos.

También hay cambios “normales” a lo largo de la vida (mudanzas, pérdidas de seres queridos, rupturas sentimentales, enfermedades o falta de red de apoyo) que aumentan el riesgo. 

Por otra parte, vivimos en una sociedad caracterizada por una mayor movilidad geográfica, hogares más pequeños y tecnologías que facilitan el contacto, pero no sustituyen a las relaciones presenciales.

¿Por qué no es lo mismo estar solo que vivir solo?

La diferencia entre estar solo y sentirse solo es el componente emocional y el grado de elección de esta situación. Una persona puede vivir por su cuenta, disfrutar de su autonomía, relacionarse con otras personas y sentirse plenamente acompañada. De hecho, la soledad elegida puede formar parte de una vida saludable en la que los momentos de tranquilidad, las actividades individuales o los espacios propios no son un problema.

La soledad no deseada, en cambio, aparece cuando alguien desea conectar, pero no encuentra cómo o con quién hacerlo, independientemente de si vive sola o acompañada.

Tipos de soledad no deseada

La soledad no deseada en jóvenes, adultos y personas mayores no responde a un único patrón, pues hay muchas circunstancias personales que pueden favorecer el aislamiento.

  • Soledad social. Se produce cuando una persona siente que no dispone de una red social suficientemente amplia o cercana. Puede tener contactos, conocidos o incluso interactuar habitualmente con otras personas, pero carece de un grupo con el que compartir su día a día. Es especialmente frecuente en jóvenes que están construyendo un nuevo círculo social y en personas mayores tras la jubilación.
  • Soledad emocional. Tiene que ver con la ausencia de un vínculo más íntimo y significativo con el que compartir preocupaciones, afectos o experiencias personales. En los jóvenes se relaciona con la dificultad para establecer relaciones profundas o con el sentimiento de no encajar; en adultos, con divorcios; en personas mayores, con el duelo por la muerte de la pareja.
  • Soledad existencial. Es una sensación de desconexión, vacío o falta de sentido, en la que las personas perciben que nadie comprende lo que están viviendo. Es común en momentos de crisis o transición. 
  • Soledad relacional. Hace referencia a la percepción de que las relaciones no proporcionan cercanía, confianza o calidad. Un joven puede tener cientos de contactos en redes sociales y sentirse profundamente solo; un adulto puede compartir su vida con pareja, hijos y compañeros de trabajo y aun así sentir que no tiene con quién hablar; y una persona mayor puede mantener contacto habitual con familiares sin experimentar cercanía emocional.

Estrategias de abordaje: proyectos para combatir la soledad no deseada y ayuda psicológica 

Participar en asociaciones, talleres, actividades deportivas o iniciativas comunitarias son actividades para la soledad no deseada que crean oportunidades reales de encuentro, ayudan a recuperar rutinas y permiten establecer nuevos vínculos.

Además, existen proyectos que ponen en contacto a personas que se encuentran en esta situación y buscan redes de apoyo. Algunos ejemplos son Teléfono de la Esperanza, Proyecto CRECE de Cruz Roja, Siempre Acompañados de Fundación ”la Caixa” e iniciativas como Adopta Un Abuelo, Madrid Te Acompaña o RuralLife.  

Aun así, cuando la soledad se mantiene en el tiempo o afecta negativamente al día a día, acudir a un psicólogo es clave para comprender qué está ocurriendo y qué factores están manteniendo esa situación.

La terapia cognitivo-conductual suele ser útil para identificar patrones, modificar conductas que mantienen el aislamiento y trabajar aspectos más complejos como: 

  • Pensamientos negativos e intrusivos.
  • Miedo al rechazo.
  • Dificultades para iniciar relaciones.
  • Ansiedad social.
  • Evitación.
  • Experiencias previas o traumáticas que dificultan la conexión.

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¿Cuándo tengo que pedir ayuda? 

Si llevas tiempo sintiéndote solo o sola, has dejado de relacionarte con otras personas, evitas planes que antes disfrutabas y sientes que no tienes a quién acudir cuando necesitas apoyo, no esperes a que la situación empeore. 

Busca un profesional si detectas en ti o en alguien de tu entorno estas señales: 

  • Antes quedaba con sus amigos, pero cada vez pone más excusas para salir.
  • Vive solo/a desde que falleció su pareja y prácticamente no sale de casa.
  • No coge el teléfono y no responde a mails o WhatsApp.
  • Tiene trabajo, pareja y compañeros, pero dice que nadie le entiende.
  • Muestra actitudes cada vez más esquivas.
  • Notas comportamientos que pueden relacionarse con problemas como la depresión.
  • Después de mudarse, ha perdido su círculo social y lleva meses diciendo que no encaja en ningún sitio.

La soledad prolongada no es solo una sensación desagradable. La evidencia científica la relaciona con problemas de salud mental, síntomas depresivos, ansiedad y problemas físicos (la OMS advierte de su asociación con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y mayor riesgo de mortalidad).

Por eso, intervenir es importante.

Te ayudamos a dar el primer paso

Vivir solo no es malo, pero sentir sensación de aislamiento constantemente puede tener efectos muy negativos. Reconocer lo que ocurre es el primer paso, pero hay que avanzar con gestos sencillos como recuperar una relación, apuntarse a una actividad o hablar con alguien de confianza.

Buscar ayuda psicológica es especialmente importante cuando no sabemos cómo gestionar la situación o sentimos que nos supera.

Y recuerda: No se trata de llenar tu agenda de contactos o actividades, sino combatir la soledad no deseada recuperando o cultivando relaciones que te hagan sentir gusto, escuchado y comprendido. Pide tu primera cita con nosotros.

Imagen de Beatriz González

Beatriz González

Fundadora y directora de Somos Psicología y Formación. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid Máster en Neuropsicología por la Clínica San Vicente Terapeuta EMDR Nivel II

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