¿Qué es un trastorno de eliminación?

El trastorno de eliminación se define como la dificultad en el control de los esfínteres. Este trastorno puede presentarse de diferentes maneras. Las más comunes son la enuresis (control de orina) y la encopresis (control de heces).

A medida que el niño va creciendo, aprende a controlar los esfínteres. Así, hasta los 18 meses es normal que el niño no controle sus necesidades de eliminación. A partir de esa edad, se adquiere primero la capacidad de controlar las heces, y posteriormente la orina. Este proceso dura normalmente hasta los 3 o 5 años. Si la dificultad para controlar la eliminación se prolongase más allá de esta edad, estaríamos ya ante un trastorno.

El trastorno de eliminación es un problema común en la infancia, y que afecta no solo al niño sino a la familia entera; cuando se prolonga en el tiempo, puede ser incluso una fuente de conflictos entre el niño y los padres. Este es un desorden bastante frecuente y, aunque puede ser intencional, generalmente es de carácter involuntario. Afortunadamente, este problema tiene una muy buena respuesta al tratamiento psicológico.

Muchas veces, el trastorno de eliminación aparece relacionado con la vivencia de sentimientos negativos, como el estrés o la ansiedad. Así, puede ser frecuente que ante situaciones que generen miedo o angustia al niño, se desencadene este problema. Afortunadamente, este tipo de desórdenes suele limitarse a la infancia, y solo en raras ocasiones se prolonga en el tiempo.

¿A qué se debe un trastorno de eliminación?

Como ya hemos dicho, la mayor parte de las veces el desencadenante del trastorno de eliminación es puramente emocional. Esto quiere decir que los factores fisiológicos son poco frecuentes, y suponen más bien una excepción.

En aquellos casos en los que no existe una causa física, como por ejemplo una vejiga pequeña, debilidad muscular, estreñimiento, etc., suele ser necesaria una evaluación psicológica para identificar qué factores están propiciando el problema. Estos pueden ser esencialmente emocionales o conductuales. Así, entre las posibles causas más frecuentes encontraríamos las siguientes:

Causas emocionales
  • Periodos acusados de ansiedad o estrés.
  • Sensación de miedo, angustia o desprotección.
  • Problemas de apego.
  • Vivencia de sucesos traumáticos.
  • Pérdida de un ser querido.
  • Nacimiento de un hermano.
  • Separación o divorcio de los padres.
  • Niños con Trastorno de Oposición Desafiante o con trastornos de la conducta.
  • Comienzo de la escuela o problemas con los compañeros del colegio.
Causas conductuales
  • Falta de entrenamiento en el uso del sanitario, o entrenamiento muy temprano o muy tardío.
  • Problemas en los patrones del sueño.
  • Búsqueda de atención por parte de los padres.
  • Provocación o desafío a las normas de conducta.
  • No querer interrumpir los juegos u otras actividades.
  • Problemas en los patrones de alimentación (falta de fibra, exceso de líquidos, etc.)
¿Cuáles son los síntomas de un trastorno de eliminación?

Cuando un niño sufre un trastorno de eliminación, suele ser evidente y no es difícil identificarlo. Por definición, el síntoma más característico es que el niño es incapaz de controlar su orina o heces. Sin embargo, más allá de estos síntomas primarios, existen también otros síntomas secundarios relevantes. Estos últimos suelen ser significativos, aunque muchas veces pasan desapercibidos en comparación con el síntoma primario.

En consecuencia, es frecuente que un niño con problemas de enuresis o encopresis presente también los siguientes síntomas:

  • Sentimiento de vergüenza, turbación o ira.
  • Miedo a dormir fuera de casa.
  • Desarrollo de una baja autoestima.
  • Problemas de atención, hiperactividad o impulsividad.
  • Aislamiento social o retraimiento del niño.
¿Qué tipos de trastorno de eliminación hay?

Tal y como se ha explicado, existen esencialmente dos tipos de trastorno de eliminación, la enuresis (referente a la orina) y la encopresis (referente a las heces). Sin embargo, cada uno de estos tipos de trastorno puede presentarse con variantes:

Enuresis

La incapacidad para controlar la orina suele adoptar formas variadas. Así, en primer lugar, cabe distinguir sobre el momento en que se produce. De este modo, hablaríamos de enuresis nocturna, diurna o mixta en función de si el problema se da mientras el niño está dormido, si está despierto o en ambas ocasiones. En este sentido, la forma más habitual con mucho es la enuresis nocturna; de hecho, la incapacidad para controlar la orina mientras el niño está despierto es un problema relativamente poco frecuente.

Por otro lado, también suele distinguirse en función del momento en el que empieza a producirse el problema. Así, la más común es la enuresis primaria, que sucede cuando el niño nunca ha tenido control urinario. La enuresis secundaria, por su parte, es mucho menos frecuente; esta se da cuando, tras haber podido controlar la orina, el niño vuelve a tener problemas de continencia.

Encopresis

En cuanto a la encopresis, la diferenciación más común es entre el tipo retentivo y no retentivo. En la encopresis retentiva, lo que sucede es que el niño intenta contener todo lo que puede sus heces. De este modo, llegado un momento, es incapaz de aguantar más y es cuando se produce la defecación. El caso contrario es el de la encopresis no retentiva, en la que el niño no intenta contener las heces; lo que sucede aquí es que, simplemente, no tiene mucha capacidad de control.

En el caso de la encopresis, al igual que en el de la enuresis, distinguiríamos entre primaria y secundaria en función de que la capacidad de retención no se haya llegado a adquirir, o si el problema ha sobrevenido con posterioridad, respectivamente.

¿Cómo se puede prevenir y tratar un trastorno de eliminación?

Uno de los errores más comunes que se comete cuando un niño tiene un trastorno de eliminación es reprenderle; regañar al niño en estos casos tan solo sirve para que se sienta humillado y baje su autoestima. Por el contrario, es necesario que el menor sepa cómo afrontar esta dificultad sin sentir que su valía personal está disminuida. Así, el primer paso será hablar con él para hacerle comprender la situación, de una manera que pueda entender.

En aquellas situaciones más difíciles, puede ser necesario recurrir a la terapia psicológica. En estos casos, se intenta corregir los defectos del aprendizaje o las carencias emocionales que pueden estar ocasionando del problema. De este modo, al eliminar las causas que lo provocan, el trastorno quedará resuelto. Además, junto a la psicoterapia, se emplean otras técnicas como pueden ser el método de expansión vesical o la alarma urinaria (pipi-stop), que permiten entrenar al niño en el control de sus esfínteres.

La intervención muchas veces no se dirige únicamente a los niños, sino que involucra también a los padres. A estos se les enseñan pautas sobre cómo actuar en los casos de incontinencia; así, existe una serie de pautas que han de realizar, y otras que no deben hacer. Esto les ayudará a reforzar al niño a cambiar sus actitudes de manera gradual y exitosa.

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