¿Qué son los traumas por maltrato?

Una de las situaciones más difíciles a las que se puede enfrentar una persona es a los traumas por maltrato. Afortunadamente, la sociedad está cada vez más concienciada sobre qué es el maltrato. Hablamos de maltrato cuando se ejerce violencia sobre una persona; esta violencia puede ser tanto física como psicológica, aunque en ambos casos se trata de maltrato. Esto es, no es menos maltratador quien agrede psicológicamente a una persona, por mucho que no le haya atacado físicamente.

Como primer resultado del maltrato, la persona que los padece ve como su autoestima resulta dañada. A esto se añade la aparición de sentimientos como el estrés o la ansiedad, miedo, e incluso de trastornos físicos como sudoración, taquicardia, nauseas, etc. Además, en ocasiones las personas afectadas por maltratos terminan desarrollando adicciones a sustancias tales como el alcohol, el tabaco o psicofármacos.

Curiosamente, los malos tratos se pueden olvidar, pero las secuelas que estos dejan perduran en el tiempo. Esto significa que no hay que banalizar su importancia, puesto que sus efectos pueden condicionar de manera decisiva la vida de aquellas personas que los han sufrido. En este sentido, cobran importancia los conceptos de lesión y secuela. Así, la lesión es el resultado en el cuerpo de una agresión física, como sería un hematoma o una fractura; de esta manera, su equivalente emocional serían las secuelas psíquicas. Estas no son sino las heridas en el área afectiva que resultan de una agresión psicológica.

¿A qué se deben los traumas por maltrato?

Los traumas son, por definición, secuelas emocionales que se producen ante una situación amenazante. Evidentemente esto puede venir causado por múltiples motivos, como accidentes, pérdida de un ser querido, situaciones estresantes, etc. Sin embargo, en los casos de traumas por maltrato, estas secuelas pueden resultar especialmente graves.

Esto se debe a varios factores. En primer lugar, porque los maltratos no suelen ser aislados o puntuales, sino que casi por definición son prolongados. Esto quiere decir que este tipo de trauma no es similar al de alguien que ha vivido, digamos, un accidente. En el caso del accidente, se trata de un suceso fortuito, imprevisto y, afortunadamente, pasajero. Por el contrario, en el trauma por maltrato lo que se produce es una situación prologada, mantenida durante largo tiempo. Esta primera diferencia hace ya de por sí muy distinto un caso y el otro.

Por otro lado, en el caso del maltrato suelen concurrir también otro tipo de factores agravantes. Así, por ejemplo, es frecuente que ese maltrato lo produzca algún familiar, pareja o ser cercano. Esto hace también que el nivel de angustia de la víctima sea mucho mayor; en estos supuestos, la agresión proviene de lo que debería ser su entorno seguro, donde debería estar protegida. Por este motivo, el nivel de indefensión es mucho mayor en los casos de maltrato.

Por último, también es frecuente que las víctimas de maltrato sientan emociones como la culpa o vergüenza. En ocasiones justifican a su agresor, por lo que creen ser ellas las culpables del maltrato. Otras veces, se culpan a si mismas por no haberlo podido evitar. Y muy frecuentemente, se avergüenzan por sentirse débiles e indefensas. Todo esto no hace sino incrementar las secuelas emocionales del trauma por maltrato.

¿Cuáles son los principales síntomas de los traumas por maltrato?

El maltrato puede producirse de muchas maneras diferentes, algunas más explicitas y otras menos. De todas ellas, la más evidente es la del maltrato físico, en la que llega a producirse una agresión corporal. Sin embargo, el maltrato psicológico puede camuflarse también bajo distintas formas.

Un ejemplo sería el maltrato social, cuando el maltratador aísla por completo al agredido de su entorno social. Otro sería el maltrato económico, cuando el agresor hace absolutamente dependiente desde el punto de vista financiero a la víctima. O el maltrato estructural, donde se desvaloriza por completo a la otra persona destruyendo su autoestima.

Puesto que existen tantas formas distintas de maltrato, los síntomas de estos son también variados. Sin embargo, sí que podemos identificar una serie de patrones comunes en aquellas personas que han sido maltratadas. Entre estos, algunos de los más habituales son los siguientes:

Síntomas de la existencia de un maltrato
  • La víctima de maltrato abandona las actividades que tradicionalmente realizaba o con las que disfrutaba.
  • Aislamiento social, abandono de las amistades o del círculo familiar.
  • Desvalorización, críticas constantes, ataque a la autoestima.
  • La persona maltratada se culpabiliza de su situación, cree ser la responsable de las agresiones.
  • Pérdida de la intimidad, el agresor no respeta la privacidad de la víctima.
  • Dependencia emocional de la víctima hacia el agresor, a la vez que el maltratador se distancia emocionalmente del agredido.
  • Agresiones físicas, no necesariamente extremas, pero cada vez más persistentes.
Síntomas de la existencia de un trauma por maltrato
  • Miedo y actitud asustadiza.
  • Sensación de confusión o de falta de orientación, dificultad para concentrarse.
  • Rumiación del maltrato, recuerdos constantes e invasivos de las agresiones.
  • Sentimientos de culpabilidad o vergüenza.
  • Ansiedad, depresión o estrés.
  • Baja autoestima y devaluación de la autoimagen.
  • Apatía, incapacidad para disfrutar, anhedonia.
  • Aislamiento, limitación del contacto social y resistencia a salir de casa.
  • Dificultad para controlar la ira o el llanto.
  • Conductas compulsivas o adicciones.
¿Existen diferentes tipos de traumas por maltrato?

Aunque tal y como hemos dicho existen muchos tipos de maltrato, curiosamente los efectos de que provocan son bastante similares. En este sentido, no cabría hablar de diferentes tipos de trauma propiamente dichos. Lo que sí se produce, no obstante, es una variación significativa de la gravedad del trauma. De este modo, podríamos diferenciar los casos más leves de aquellos otros más severos.

En los casos menos graves, solemos encontrar situaciones en las que el maltrato puede no ser excesivo, pero sí constante. Esto hace que, una situación que en principio podría parecer soportable, termine por convertirse en una auténtica tortura. Suele consistir en una reiteración de pequeñas agresiones que, finalmente, sobrepasan a quien las sufre. La evolución es muy gradual, y así los síntomas casi parecen convertirse en parte de la personalidad de la víctima. Sería el caso en el que finalmente vemos a una persona triste y melancólica durante muchos años, donde no sabemos si una persona está deprimida o si es que esa melancolía es parte de su carácter.

Por el contrario, encontramos también aquellos otros tipos de traumas que revisten una especial gravedad. Aquí hablamos de situaciones de una especial virulencia, que son devastadoras para quienes lo padecen. Un ejemplo sería el de una persona que haya sido violada, o agredida con una violencia brutal. En estas situaciones, la víctima suele encontrarse absolutamente sobrepasada, es como si se la llevara un tsunami por delante. Las reacciones emocionales son tremendamente pronunciadas, y se puede percibir que esa persona está conmocionada. En algunos de estos casos, de hecho, pueden llegar a producirse autolesiones o incluso suicidio.

¿Cómo se tratan los traumas por maltrato?

Las personas que han sufrido maltratos muchas veces desarrollan patrones de dependencia emocional o inseguridad. Esto hace que el tratamiento de este tipo de casos requiera de particularidades específicas. Actitudes como el miedo a ser abandonados o la percepción de no ser válidos por sí mismos son complicaciones adicionales. Por ello, el terapeuta habrá de solucionar el problema de base, el trauma, pero también otras muchas casuísticas.

En este tipo de situaciones el mejor tratamiento suele ser la psicoterapia cognitivo-conductual, aunque también existen otro tipo de intervenciones que han demostrado gran eficacia, como por ejemplo la terapia de exposición. Otros enfoques, como la terapia sistémica, la humanista, o el EMDR también suelen ser habituales.

El principal objetivo del tratamiento es eliminar el trauma como tal. Esto implica lógicamente que el paciente abandone las emociones de culpa o vergüenza que le suelen acompañar; pero, mas allá aún, permitirle reconstruir su autoestima e independencia. En última instancia, la labor del psicólogo consistirá en ayudar al paciente a llevar una vida plena e independiente.

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