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Sueño despierto a causa de un vacío emocional y de fuertes impulsos sexuales.  

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Tipo de Incognito
(@tipo-de-incognito)
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Saludos,

Primero de todo, me gustaría presentarme, aunque sin delatar siquiera mi nombre de pila –como muestra de resguardar sólidamente mi identidad–: cumpliré diecisiete años el próximo mes y estoy encarando mi último curso antes de ingresar en la universidad en medio de una

gran pandemia global que ha traído consigo bastantes embocaduras variopintas.

Por lo que veo, me hallo ya en la etapa final de mi pubertad y llama a la puerta algo que seguramente no sea el único en experimentar al tratar con un periodo difícil ­–aunque indistinto a los sinsabores vitales del resto de los tramos de edad–como es la adolescencia. Creo que estoy experimentando una crisis existencial debido a todo lo que llevo cosechando desde hace años:

Como bien indica el epígrafe de este hilo, en ocasiones sueño despierto con fantasías que no surgen nada más como producto de mi imaginación que, al parecer, altera sucesos fraudulentos de mi vida tornándolos a una dimensión más positiva.

Puedo poner como ejemplo las más recurrentes entelequias que podrían formar una antología pero que últimamente secuencio de una manera reiterada y me abstraen de la realidad:

Cuando era pequeño, al igual que muchos otros niños, practicaba con cierta asiduidad y talento el deporte rey. Le daba tanta importancia como crío que mi propio padre, creyendo que yo podría despuntar más allá del fútbol comarcal o provincial, me llevó a hacer las pruebas del Club Atlético de Madrid. El resultado de tal convocatoria, por mucho esmero e intensidad que yo le hubiera puesto, fue una respuesta negativa ante mi anhelo como niño por parte de los individuos que captaban a los chicos –de los cuales muy pocos llegan a la cima.

No obstante, mi padre, al igual que yo, no desfalleció ante tal hecho, y me quiso apuntar en una escuela de gran fama en mi comunidad autónoma; sin embargo, mi madre, que se mostraba escéptica ante ese plan trazado por mi señor padre, prefirió que siguiera concentrado en mi porvenir académico antes que en un juego de pelota. Ahí fue cuando deseché como yo creía mi primer sueño natural de la infancia, algo que todos tenemos de pequeños.

Aun con ello, mi mente intentaba reproducir los hechos de una manera más benigna por aquel tiempo, imaginándome como uno de esos deportistas que salían en la televisión cuando el triunfo corría de su suerte. Por aquel entonces yo tendría nueve o diez años, habiendo un intervalo a partir de todo ello, cuando ya empecé a entrar en mi pubertad y a buscar nuevas metas en que esa entelequia desapareció de mi mente. Pareció esfumarse para siempre; pero, nada más lejos de la realidad, ahora vuelve a manifestarse, desde hace un año según calculo, pero de una manera algo distinta, guardando el aspecto de la misma:

Me imagino  constantemente como protagonista en un encuentro al que siempre resuelvo el mismo resultado, moviéndome siempre de la misma manera para amagar a los defensores, encarando a la portería con la que ya me empiezo a familiarizar y reiterando una celebración que cada vez parezco precisar más.

Esta es una de las entelequias con mayor antigüedad que recuerdo y que vuelvo a restaurar en mi mente después de tanto tiempo. Pero no termina ahí:

Otra de las fantasías más recurrentes en mi cabeza tienen lugar a raíz de un suceso reciente que me ocurrió con el que fue uno de los mejores amigos de mi vida. Un suceso que acabó rompiendo nuestro vínculo luego de que nos reconciliáramos; todo por una cosa en la que yo era de nuevo el culpable por haberle ocultado algo que no debía. No paro de imaginarme en mi cabeza una amistad continuada si no hubiera sido tan estúpido, tanto que llego a armar muchas veces diálogos  con él sobre los asuntos que más me acongojan diariamente o me dejan en un estado completamente dubitativo, al igual que él también me contaba los suyos en su momento y me supongo advirtiéndole de los infortunios vitales que estamos destinados a vivir. Como si no lo hubiera asimilado el hecho de que esa persona ya no quiere nada conmigo sabiendo que todo fue muy rápido.

Por otra parte, también pienso constantemente en un hipotético escenario donde mi crush –amor platónico– me hace compañía llegando a detallar a través de mis introspecciones cómo sería una vida con ella, formando una familia e imaginando el calor de sus brazos o el cosquilleo de su melena; cuando, nada más lejos de la realidad, ella se va este año a estudiar a Madrid y no me conocerá apenas si no es “de vista”, por no decir que alguien como yo le podría parecer bastante extraño pese a que  su pareja sea un nini que no muestre mucha fortaleza física o cultural como para atraer a semejante dama.

Este último de mis pensamientos es el que más me atormenta dado que me resquebraja por dentro al conocer cómo ansío algo que es certeramente imposible. Y no puedo contárselo a nadie de mi familia porque me tacharían de insensato por ocupar mi mente en impulsos amorosos antes que en mis propios estudios.

Aunque muchas veces cuesta ocultarlo porque me llego a reír delante de mucha gente sin darme cuenta y me pregunta qué es lo que aligera tanto mi sonrisa.

Lo cierto es que llevo pensando en ella desde el otoño pasado y no me ha supuesto ningún inconveniente en lo académico, pero ahora sí que empiezo a verlo como un problema puesto que me planteo cuál es la utilidad de dicha entelequia consistente que de ninguna manera podré materializar.

Trae consigo el reafirmado deseo por tenerla cerca un sentimiento de heroicidad que hace que me monte historietas más propias de otro siglo en mi cabeza donde paseo con un Smith and Wesson para salvarla.

Y cuanto más me intento mentalizar de lo poco correspondido que es este amor se intensifica el dolor con el que más afligido me hallo. Porque mi falta de cordura llega a unos niveles insospechados, tal que en una de esas ensoñaciones –estando despierto, vaya– sonaba la canción The Best de Tina Turner y ahora, cada vez que la sintonizan en la radio, con mucha frecuencia por desgracia, me pega punzadas en el corazón pese a que no sea el contenido lírico lo que me amedrenta sino la fuerza sonora de la misma. La canción no sale de mi cabeza.

Ni esquivando mis pensamientos me siento bien. Es un constante sufrimiento para mí.  

Lo que en un lacónico resumen se traduce a que pienso las cosas como si fueran a buenas aguas, porque necesito escapar de una vida marcada por el desengaño y el fracaso vital.

Temo que esté ante una situación perceptible de vacío emocional añadiendo que mis pensamientos se modulan conforme a mis impulsos. Puedo pasar de la autodestrucción como fruto de la desilusión al optimismo vital en base a alguna vicisitud fortuita, así como muchas veces me sitúo apático o con pesadez moral.

Puedo tener tentaciones suicidas o bien porque mi autoestima se encuentre lapidada o porque sienta pereza por lo que viene encima.

De hecho, tal es mi nivel de apatía en ocasiones que cuando cruzo por lugares que me debieran evocar algún recuerdo de la infancia, como el centro donde estudié en primaria y conocí a mis primeros amigos –que luego dejé porque me cambié de pandilla en la secundaria– me parecen totalmente ajenos a mi persona, al igual que mis viejos amigos me parecen extraños y los que tengo ahora no despiertan ningún tema de interés en mí. Puedo recordar cosas de mi pasado pero para mí es como si fuera el relato de la vida de otro.

Puedo jugar a videojuegos actuales con mis amigos del presente, pero ya no es lo que eran antes y no me despierta ninguna sensación lúdica.

Y no me adolezco porque tenga nostalgia sino porque creo que estoy empezando a sentirme como un apátrida. Desde que tuve que mudarme de municipio siento mi patria natural como un lugar en el que nunca he estado y donde no tengo vínculo alguno.

Parece que me han  despojado mi esencia, mi cultura y mi identidad. O igual ha sido únicamente culpa mía, de nuevo.

Me carcome por dentro pensar que yo haya aceptado todo este cambio por la edad, abandonando mis inicios vitales, más que la pérdida del color en el recuerdo. Porque eso quiere decir que me estoy deshumanizando y me he obligado a asimilar el negro futuro que nos espera donde cada vez seamos seres más solitarios, algo que aumentará con el avance en el desarrollo de la realidad virtual en tanto que ya es algo que experimenta efectos desastrosos en la juventud japonesa.

Sí, tengo miedo a la soledad. Ahora mismo no siento ningún nexo de unión con nadie. Me da miedo no poder sentir la cercanía de una mujer con la que compartir vida o de un camarada con el que charlar sobre nuestros puntos de vista.

Tanto es el pavor que siento y la intransigencia que muchas veces me cuesta mostrar fuera de mi ser para mostrar resistencia a los cambio que acaba derivando en un pensamiento derrotista. Por mucho que mis familiares y los que dicen ser mis amigos me cubran de lisonjas diciendo que soy alguien inteligente y que no he de preocuparme del futuro porque yo voy bien encaminado al ser buen estudiante, para mí son palabras vacías, o bien lo hacen para aprovecharse de mí y buscar solución a sus problemas.

Solamente soy una pieza más del sistema: destinado a producir y consumir para otros. A dejar de lado mis deseos para encaminarme a cosas que no me llenan, sea una profesión o un modo de vida al que se me ha empujado por inercia.

Después de tanto tiempo las cosas no han cambiado como hemos creído. 

Todo aquel que bien sea fuerte físicamente o potente cognitivamente no es inmune al fracaso porque el éxito depende en su mayor parte de la voluntad de terceros.

Esto  me ha hecho enterrar varios ideales a lo largo de mi vida y un anhelo naciente de mi propia voluntad de poder que no puedo revelar por conveniencia propia.

Antes tenía el deseo de vivir en un caserío en algún pueblo alavés alejado de toda forma de civilización. Ahora valoro que la capacidad humana, por muy hábil que sea, no puedo hacer competencia con el gregarismo que necesitamos por nuestra condición humana.

La inmersión en este nuevo episodio trágico de mi vida –la vida de un fracasado que no puede ladear la suerte conforme a su voluntad personal- es tal que me provoca una baja en mis niveles de testosterona. Pero esto no puedo detallarlo tanto, aunque lo presente como síntoma.

Creo que con todo esto he definido pormenorizadamente todo lo que me está ocurriendo internamente. Lamento si todas estas galimatías han hecho de este hilo algo soporífero y doy las gracias a quienes han gastado su tiempo leyéndolo todo.

Por lo menos ya me ha servido para desahogarme como forma de unción espiritual.

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Respondido : 02/09/2020 7:45 pm
SBP
 SBP
(@sbp)
Miembro de confianza

@tipo-de-incognito Hola, soy paciente, no psicóloga y tengo que responderte porque al margen de tu sufrimiento y estado emocional, me siento obligada a decirte que escribes de maravilla. ¿De verdad que vas a cumplir los 17?

Las profesionales te responderán adecuadamente, pero desde luego con esa capacidad que tienes podrías ser escritor. 

Solo decirte que son años duros para la juventud, lo comprendo, pero creo que tu  madurez te facilitará ir abriéndote camino por dónde tú desees. 

En mi opinión hay dos clases de soledad: la soledad cuando no se tiene compañía, cuando no se tiene con quién compartir opiniones, ideas, críticas, sufrimientos y sueños. 

La otra es la soledad existencial, es decir, realmente siempre estamos solos con nosotros mismos.

La primera se puede solucionar, es más superficial (tal vez), pero para la segunda hay que aprender a vivir con uno mismo en soledad.

Te animo para que sigas adelante, eres muy joven y con mucho talento.

 

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Respondido : 02/09/2020 10:24 pm
Tipo de Incognito
(@tipo-de-incognito)
Nuevo miembro

Buenas noches, @SBP.

Antes que nada, me gustaría darte las gracias por tus palabras. Respecto a tu cuestión he de decir que así es, cumpliré diecisiete años aunque haya expuesto mi problema con tal pedantería  -aunque sea algo costoso verlo así- para presentarlo de manera formal teniendo en cuenta que me estoy dirigiendo a personas que no conozco y que han de tener un nivel educativo caracterizado.

Respecto a lo que afirmas acerca de que podría ser escritor puedo asentir diciendo que tengo trazado en mi mente el argumento de una obra que quiero engendrar cuando el tiempo me lo permita, pues con todas las responsabilidades que he de afrontar en mi vida universitaria lo concibo como algo matemáticamente imposible; sin tener en cuenta que tendré también que adaptarme al mercado laboral y sus condiciones negreras antes de hacer de esta idea algo posible. Por mucho que tenga varias ideas anotadas en un cuadro de temáticas y conceptos siempre existen limitaciones, por desgracia. Es algo que ya he constatado anteriormente.

Solamente el mero hecho de que se pudiera publicar sin censura alguna por todas las normas que envuelven a la corrección política me parecería un milagro. Las normas de lo que está bien y lo que está mal tampoco no las escribo yo al parecer.

La primera clase de soledad que expones; la soledad con ausencia de calor, compañía, intercambio de opiniones, como tú dices, es la que más temo a largo plazo. Ya hay muchos españoles que tienen que vivir con ello, sé de unos cuantos casos cercanos bastante desoladores. Independientemente de lo autárquico que pueda considerarse alguien es absurdo creer que se puede vivir sin la compañía de nadie, he tardado en darme cuenta de eso.

Y también he tardado en percatarme de que padezco soledad existencial, como tú dices, aun con mi personalidad suspicaz e individual. Es tal esa soledad que cierta cautela para expresar la totalidad de mis inquietudes, algo que también constato en mi mensaje.

No lo he percibido de una manera más consciente hasta que ayer por la noche terminé por llegar a la conclusión de que mis pensamientos son absurdos y da la sensación de que esté trastornado por la cantidad de sinsentidos que almacena mi cabeza tras sentirme afligido por la imposibilidad de mis anhelos amorosos.

Algo que por más que intente no podré remediar. Rara vez estos deseos terminan por suplirse, por mucho que cambien los tiempos.

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Respondido : 02/09/2020 11:52 pm
JacoboFe
(@jacobofe)
Miembro estimado
Respondido por: @tipo-de-incognito

Buenas noches, @SBP.

Antes que nada, me gustaría darte las gracias por tus palabras. Respecto a tu cuestión he de decir que así es, cumpliré diecisiete años aunque haya expuesto mi problema con tal pedantería  -aunque sea algo costoso verlo así- para presentarlo de manera formal teniendo en cuenta que me estoy dirigiendo a personas que no conozco y que han de tener un nivel educativo caracterizado.

Respecto a lo que afirmas acerca de que podría ser escritor puedo asentir diciendo que tengo trazado en mi mente el argumento de una obra que quiero engendrar cuando el tiempo me lo permita, pues con todas las responsabilidades que he de afrontar en mi vida universitaria lo concibo como algo matemáticamente imposible; sin tener en cuenta que tendré también que adaptarme al mercado laboral y sus condiciones negreras antes de hacer de esta idea algo posible. Por mucho que tenga varias ideas anotadas en un cuadro de temáticas y conceptos siempre existen limitaciones, por desgracia. Es algo que ya he constatado anteriormente.

Solamente el mero hecho de que se pudiera publicar sin censura alguna por todas las normas que envuelven a la corrección política me parecería un milagro. Las normas de lo que está bien y lo que está mal tampoco no las escribo yo al parecer.

La primera clase de soledad que expones; la soledad con ausencia de calor, compañía, intercambio de opiniones, como tú dices, es la que más temo a largo plazo. Ya hay muchos españoles que tienen que vivir con ello, sé de unos cuantos casos cercanos bastante desoladores. Independientemente de lo autárquico que pueda considerarse alguien es absurdo creer que se puede vivir sin la compañía de nadie, he tardado en darme cuenta de eso.

Y también he tardado en percatarme de que padezco soledad existencial, como tú dices, aun con mi personalidad suspicaz e individual. Es tal esa soledad que cierta cautela para expresar la totalidad de mis inquietudes, algo que también constato en mi mensaje.

No lo he percibido de una manera más consciente hasta que ayer por la noche terminé por llegar a la conclusión de que mis pensamientos son absurdos y da la sensación de que esté trastornado por la cantidad de sinsentidos que almacena mi cabeza tras sentirme afligido por la imposibilidad de mis anhelos amorosos.

Algo que por más que intente no podré remediar. Rara vez estos deseos terminan por suplirse, por mucho que cambien los tiempos.

Tienes la gran suerte de que se nota tu desequilibrio.

Estás en la guerra amigo. Y en la guerra se procura pegar tiros bien protegido. Disparar y dar sin ser alcanzado es el objetivo.

El mejor consejo es mantener el equilibrio sereno, la sencillez operativa y obviar el discurso que no te produzca resultados buenos. Ignoro tus costumbres del diario y si eres o no eres una persona sin vicios, disciplinada y ordenada.

 

 

 

Ayudar es ayudarte.

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Respondido : 04/09/2020 1:53 am
SBP
 SBP
(@sbp)
Miembro de confianza

@jacobofe Supongo que será un psicólogo el que tenga que decir si está desequilibrado, a no ser que tú seas psicólogo.

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Respondido : 05/09/2020 8:04 pm
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