¿Qué es la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad mental crónica y grave caracterizada porque quienes la padecen desarrollan comportamientos anómalos o extraños. Los pacientes pueden perder la percepción de la realidad, sufrir alteraciones sensoriales o la interpretación del mundo que les rodea. En definitiva, este desorden dificulta a los afectados diferenciar lo que es real de lo que no lo es; los afectados no pueden pensar con claridad o actuar de manera normal en contextos sociales.

Esta enfermedad es un trastorno menos común que otros desórdenes mentales. No obstante, esta enfermedad resulta compleja, y puede resultar extremadamente incapacitante para quienes se ven afectados por ella. En ocasiones, los pacientes con esquizofrenia oyen o ven cosas que no existen. Otras veces, desarrollan la creencia de que otras personas pueden leer su mente o controlar sus pensamientos. Todo esto termina por generar una sensación de terror y una actitud de retraimiento.

Es frecuente que los pacientes con esta enfermedad hablen de temas inusuales o extravagantes. Por este motivo, el resto de personas suele encontrar difícil comunicarse con ellos. También es habitual que se queden sentados o inmóviles durante periodos prolongados, en ocasiones incluso horas. Muchas veces, la gente puede no darse cuenta de que una determinada persona tiene esquizofrenia, hasta que esta comienza a hablar sobre lo que realmente está pensando.

¿A qué se debe la esquizofrenia?

Las causas de la enfermedad no se conocen con exactitud, aunque sí que parece claro que son varios los factores que intervienen en su aparición y desarrollo. Así, elementos como el estrés o la predisposición genética son factores relevantes.

Además, se especula que otros factores como por ejemplo alteraciones producidas durante el embarazo, variaciones morfológicas o bioquímicas en el cerebro, o problemáticas sociales o familiares, puedan ser también elementos relevantes a la hora de predisponer a una persona a padecer la enfermedad.

Los casos de esquizofrenia se dan tanto en hombres y mujeres, aunque algo más en los primeros; por lo general se comienza a manifestar en la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta, aunque en ocasiones también se produce en etapas posteriores.

En el caso de los niños es mucho menos frecuente, y en estos supuestos casi siempre se genera después de los cinco primeros años de vida, aunque debido al estado madurativo del niño puede ser muy difícil hacer un diagnóstico adecuado, ya que puede confundirse con otras patologías.

¿Cuáles son los principales síntomas de la esquizofrenia?

Para diagnosticar la enfermedad se atiende a dos tipologías de síntomas. Los síntomas positivos, en primer lugar, son aquellos que se ven en los pacientes y que no se producen en personas sanas; y los síntomas negativos, en segundo lugar, implican la interrupción de las emociones o de los comportamientos habituales. Estos últimos son más difíciles de reconocer, y suelen confundirse con otro tipo de desórdenes.

Síntomas positivos

  • Alucinaciones
  • Delirios
  • Trastornos del pensamiento
  • Alteraciones del movimiento
  • Trastornos de la autopercepción

Síntomas negativos

  • Falta de energía, incapacidad para desarrollar actividades
  • Desmotivación, falta de interés
  • Falta de satisfacción en la vida diaria
  • Inexpresividad emocional
  • Retraimiento social
  • Reducción del habla
¿Qué tipos de esquizofrenia hay?

Existen diferentes tipologías de la enfermedad, en función de los síntomas que predominen en el paciente. Sin embargo, esta categorización no es del todo precisa, lo que hace que sea controvertida dentro del mundo científico. No obstante, a efectos de conocer las tipologías más frecuentemente usadas para categorizar los distintos tipos de esquizofrenia, podríamos enumerar los siguientes:

Esquizofrenia paranoide

La modalidad paranoide es un subtipo de la esquizofrenia; es la más común de todas, y su principal característica es la presencia de delirios. De este modo, las personas con tipología paranoide suelen presentar percepciones o creencias falsas, así como alucinaciones auditivas o visuales.

Esquizofrenia desorganizada

Las personas afectadas por esquizofrenia desorganizada suelen ser incoherentes en su manera de hablar, actúan de un modo extravagante y muestran reacciones emocionales que pueden resultar extrañas. Este tipo de variante suele desarrollarse en edades tempranas y mantenerse a lo largo de la vida del paciente.

Esquizofrenia catatónica

A diferencia de los casos anteriores, el tipo catatónico se caracteriza por el hecho de que las personas afectadas suelen permanecer inmóviles durante largos transcursos de tiempo, a pesar de ser conscientes de lo que ocurre a su alrededor.

Esquizofrenia residual

Hablamos de esquizofrenia residual en aquellos casos en los que el paciente ha sufrido al menos un brote de esquizofrenia con anterioridad, pero que en el episodio actual no muestra ideas paranoides, alucinaciones, delirios o habla desorganizada. En estos casos, predominan los síntomas negativos sobre los positivos.

Esquizofrenia simple

Esta categoría es especialmente discutida, y en la actualidad no se usa. Consiste en aquellos casos en los que los síntomas positivos son mínimos, pero al mismo tiempo se acusa una disminución de las funciones mentales y afectivas.

Esquizofrenia indiferenciada

Por último, la esquizofrenia indiferenciada se da en todos aquellos otros casos que no reúnen los requisitos para ser incluidos en otra categoría.

¿Cómo se trata la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad mental grave. Por ello, no es raro que los pacientes afectados necesiten de internamiento hospitalario por su seguridad. Por otro lado, aunque es un proceso crónico, responde bastante bien al tratamiento.

Al tratarse de un trastorno complejo, el tratamiento requiere de un abordaje multidisciplinar. Por lo general, la combinación de farmacología, psicoterapia, así como técnicas psicosociales, suele ser lo que mejor resultado da. Este tipo de tratamiento permite evitar hospitalizaciones largas, y su efectividad ha mejorado significativamente en las últimas décadas.

En cualquier caso, puesto que aún no se conocen en detalle los motivos que causan la esquizofrenia, muchos de los tratamientos intentan centrarse en la eliminación de los síntomas. Estos tratamientos implican el uso de medicamentos antipsicóticos, así como abordajes psicosociales. Por otro lado, el tratamiento en exclusiva mediante farmacología resulta poco efectivo, ya que los efectos secundarios suelen ser elevados y ello implica que muchos de los pacientes lo abandonan transcurrido un tiempo.

También hay que destacar que, dado que la esquizofrenia tiene un importante factor biológico, y que cada persona responde de manera diferente a un mismo medicamento, en los últimos años se han conseguido prometedores avances mediante la “medicina personalizada”. Los test genéticos actualmente disponibles permiten a los médicos anticipar cómo será la respuesta de un determinado paciente a un medicamento, lo que facilita administrar tratamientos mucho más efectivos para cada individuo.

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